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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 31
    Octubre
    2013

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    'Sólo Dios perdona' - Sin hacer mucho ruido

     

    Esto no es 'Drive'. Conviene avisar desde el comienzo, asentar las normas y las fórmulas y explicar que, el que venga en busca de chupas con escorpiones a la espalda, derrapes literales y metafóricos y romanticismo exacerbado, se va a llevar un buen chasco. 'Sólo Dios perdona', la nueva colaboración entre el director Nicolas Winding Refn y Ryan Gosling, ese actor al que la etiqueta de 'chico de moda' empieza a pesar, se desmarca por completo de su anterior trabajo conjunto manteniendo una única clave en común, una violencia poética que protagoniza los mejores momentos de una película que desafía al espectador hasta límites insostenibles. Porque es la película de Refn. Y de nadie más. Ha contado la historia que ha querido, de la manera que ha querido, transladando las imágenes oníricas de una pesadilla iluminada por el neón y silenciada por las miradas asesinas y vacías, con libertad total y absoluta. ¿Ejercicio de ombliguismo y autoindulgencia? ¿Obra de arte incomprendida? Puede que, 'Sólo Dios perdona', tenga un poco de las dos cosas. 

    Con el lema de 'Odiar o amar' escrito en la frente, esta historia de perdedores, asesinos sin compasión, personajes traumatizados y abandonados a su suerte, madres posesivas y Edipos que se enfrentan todo el tiempo a su pasado, condenados a la soledad más absoluta, se bebe por los ojos. Refn marca un tempo somnoliento, no apto para espectadores asiduos a mirar el reloj si el ritmo no es trepidante, regodeándose en unas imágenes que tienen un poder hipnótico, que se suceden sin una estructura narrativa estricta pero que van tejiendo, poco a poco, una tela de araña en la que, uno, tiene que decidir si quiere ser atrapado o no. Es desafiante, es compleja, es diferente. Y, en cierto modo, también es decepcionante. 

    Liderada por un Gosling que lleva al extremo la inexpresividad, convirtiéndose en poco más que parte del decorado, algo que sucede con el resto del reparto, todo sea dicho, 'Sólo Dios perdona' termina dejando una sensación agridulce, como si hubieramos sido testigos de una sesión de hipnosis donde el hipnotizador piensa más en sí mismo que en el hipnotizado. Un cuadro repleto de detalles maravillosos, de una plástica incesantemente preciosista y preciosa, con momentos realmente hermosos, escenas de aplauso sincero que terminan silenciadas por el afán de pretensiones de un cineasta que se ha regalado su particular película de samuráis de arte y ensayo. Por eso, cuando uno despierta del sueño, o la pesadilla, y observa a su artífice con los ojos todavía cerrados, en pleno clímax, prefiere no molestar. Le dejaremos una nota agradeciéndole los servicios prestados. Y nos iremos sin hacer mucho ruido. 

     

     

     

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