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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 27
    Enero
    2014

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    'Oldboy' - El arte y la rutina

    Abran paso en la LDRMADLH, es decir, Liga De Remakes Más Absurdos De La Historia, porque tenemos nuevo miembro. Y de los potentes. Tratemos de imaginar alguna sola razón, una me valdría, que justifique lo que Spike Lee ha hecho con 'Oldboy', una de las mejores películas orientales de los últimos veinte años, una obra enfermiza, poética y abrumadora en forma y contenido firmada por el mejor Park Chan - Wook. Ninguna, ¿verdad? Pero hagamos el esfuerzo. La primera podría ser el pensamiento de que el espectador medio que suele acudir al cine de vez en cuando preferirá, siempre, una cinta con aspecto comercial de Hollywood que una con apellidos coreanos en el cartel. La segunda, la necesidad de una buena taquilla para una carrera en pleno declive como la que tiene Lee, un director que últimamente consigue más titulares por sus declaraciones salidas de tono, y bastante absurdas, que por sus trabajos artísticos. Y la tercera, la menos probable, porque sus responsables creyeran de verdad que podían aportar algo a lo que la original había descrito de manera inmejorable. 

     
    Aquí tenemos el ejemplo exacto de lo que un buen remake, sí, los hay, nunca debe hacer. Esto es, ridiculizar el trabajo previo, rendirle homenajes absurdos, incontables, y devaluar todos los logros anteriores para estandarizar una obra que se basaba en el riesgo y la novedad y que, en su relectura, prefiere apostar por el thriller más comercial, vulgarizar el discurso. Y, si nos ponemos profundos, ahí podemos intuir todo un triunfo o una declaración de intenciones que asusta, como si Lee nos dijera que tras la lírica siempre se esconde la prosa más rutinaria. Pero si ni sus responsables se lo han tomado en serio, ¿por qué hacerlo nosotros? En la superficie, ese lugar en el que su director ha querido instalarse, podemos destacar el trabajo de Elizabeth Olsen, la única que parece estar centrada, mientras que Josh Brolin, Samuel L. Jackson y, especialmente, un ridículo Sharlto Copley, llevan a sus personajes a la caricatura más estrafalaria. 
     
    Lo mismo se podría decir de la estética, convencional, desprovista de alma y de las decisiones narrativas, incoherentes, gratuitas e innecesarias, tomadas por el guionista Mark Protosevich, coronadas por un plano final tan absurdo que duele. Porque, al final, esta revisión, más allá de lo innecesaria, es dolorosa. Se debería exigir un mínimo de respeto a la obra y a su revisión, no tomar a la ligera un trabajo que destacaba, precisamente, por su profundidad psicológica, su retrato del dolor y la  venganza, el amor en todos sus niveles. Spike Lee opta por olvidar todas estas cuestiones y sintetizar el trayecto de su protagonista para caer en los lugares más comunes de un pasiaje extraordinario. Devaluar el arte hasta convertirlo en rutina. Sus razones tendrá. Yo, desde luego, no las compro. Aunque, la cuestión, es que nunca deberían haber salido al mercado. 
     
     
     
     
     

     

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