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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 23
    Septiembre
    2012

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    'Mátalos suavemente' - Money (That's what i want)

     

     
    'Mátalos suavemente' es una película de nombres propios, que no se ocultan, que utilizan todas sus armas para destacar de la manera más precisa, algunos, los que menos, desde la sutileza y otros, los que más, desde la contundencia, algunos, los que menos, reales y otros, los que más, ocultos tras unos personajes/metáforas tan disfrutables en su concepción de estereotipos de mafiosos, drogadictos y abogados como apasionantes en la búsqueda propuesta de su verdadera cara, propiciando el juego de colocar a cada uno de ellos en su lugar exacto dentro de una ecuación que, independientemente del órden de sus factores, termina dando el mismo resultado: la decadencia económica, social y política de Estados Unidos y su innata capacidad para ocultarlo tras la máscara siempre impoluta de la unión y espíritu de 'pueblo'. Y todos sabemos que, a estas alturas, la diana puede tener varios nombres. Se habla de un lugar concreto, desde un momento preciso, pero el mensaje se dispara hacia todas direcciones como las frases y reflexiones que inundan un relato repleto de mala baba, de cabreo y suciedad, de pesimismo y oscuridad. El thriller siempre suele apagar las luces para funcionar mejor pero pocas veces había basado de manera tan cruel sus destellos en la violencia y la sangre, en balas que atraviesan gotas de lluvia, palizas sin compasión y cuerpos innertes que parecen encontrar la paz cuando llegan al depósito de cadáveres, un lugar que no dista demasiado de las calles, moteles y bares en los que los personajes de esta demostración de cine sobrio, directo, habitan como ratas escondidas y aterrorizadas.
     
     
    Basada en la novela de George V. Higgins, 'Mátalos suavemente', se aleja del thriller más convencional para condensar sus influencias, Scorsese, los hermanos Coen, Peckinpah,  Tarantino y esa obra maestra de la televisión llamada 'The Wire', dentro de una burbuja marcada por la época gris en la que parecemos instalados y a la cual, a estas alturas, parecemos condenados más como culpables que como víctimas. Quizás por creernos tantas mentiras, quizás por ser cómplices de las mismas, quizás por aceptarlas sin reparo. Y, aunque las luminosas canciones de pop y folk clásico que acompañan a estos seres en su ruta a ninguna parte resplandezcan ante las sombras, la verdadera banda sonora la encontramos en los discursos de Obama y Bush que aparecen en la práctica totalidad de escenarios, austeros y claustrofóbicos gracias al gran trabajo de fotografía de Greig Fraser, en los que se desarrolla una trama que atrapa desde un primer momento, gracias a unos títulos de crédito que pasan a estar entre los mejores del año, y que, pese a encontrarse con pequeños baches narrativos ocasionados por el exceso de diálogo, mantiene a la película en una especie de hipnósis controlada, a la cual conviene sumar a su lista de 'peros' un mensaje ideológico demasiado subrayado, mostrado con una intensidad excesiva y que, perfectamente, se podría haber resumido exclusivamente en su brutal último discurso.
     
     
    Más allá de presidentes capaces de crear esperanzas y sueños para destruirlos a través de incompetencia, y repito que la diana puede tener muchas caras, los otros nombres claves para entender la valía total de la película los encontramos frente y tras las cámaras. El primero de ellos, Brad Pitt, actor inmenso que en los últimos años ha engrandecido su carrera con un buen puñado de actuaciones memorables, despliega presencia, carisma y personalidad a través de su Jackie Corgan, el mejor personaje de la película, una especie de Johnny Cash sin escrúpulos, un cowboy sin alma, un robot con escopeta. El segundo, Andrew Dominik, director neozelandés que vuelve a demostrar una sensibilidad especial y distinta a la mayoría de compañeros de generación con destellos de genialidad de una belleza apabullante, trucos que se balancean entre la poesía y la pretenciosidad otorgando, afortunadamente, la victoria a la primera de ellas. Esta dupla, responsable de una de las películas más infravaloradas de la pasada década, 'El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford', excelso western crepuscular, disminuyen la calidad de aquella pero salen victoriosos en su misión de ofrecer una visión diferente de un género tan manido como el thriller moderno. Un reparto de secundarios con actores tan poderosos como Richard Jenkins, Ben Mendelsohn, Ray Liotta  y James Gandolfini en un clon de Tony Soprano, otorgan más calidad a una película que impacta como un puñetazo inesperado. Aquellos que esperen una película de acción, no la encontrarán. Los que busquen un thriller con Brad Pitt repartiendo tiros a diestro y siniestro, saldrán defraudados. 'Mátalos suavemente' es otra cosa, es el relato frío y distante de la decadencia humana, cambiando  masacres por diálogos, tensión por silencio, pesimismo por, aún más, pesimismo, es la imagen de un llanero tan solitario como todos los que le rodean al cual, lo único que le interesa tras el baño de sangre, es que le enseñen su jodido dinero. Que menos milongas, que esto no es más que un negocio. Billetes por balas. Fundido a negro. Y que cante Barrett Strong eso de 'Money (That's what i want)'
     
     

     

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