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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 27
    Diciembre
    2012

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    'Las Sesiones ' - Esa sensación

     Estamos sumidos en un mundo tan delirante, tan apresurado, tan loco,que cada vez valoramos menos las pequeñas cosas, los diminutos instantes que pueden justificarte 'ese' día que te empeñas en devaluar hasta la misma incomprensión de su existencia. Valorar las cosas que tenemos hace tiempo que pasó a un segundo plano a favor de extrañar las cosas que podriamos tener, las que ansiamos conseguir. El futuro frente al presente, la constante lucha. Caminamos sin pararnos a pensar ni observar lo suficiente, inmersos en el pesimismo del 'todo puede ir a peor'. No es que no queramos sonreir, es que cada vez nos lo ponen más dificil o, mejor dicho, caemos con mayor frecuencia en las trampas, no nos planteamos esquivarlas, nos dejamos caer como cuerpo inerte hacia la oscuridad. El arte y todas sus formas siempre han sido una válvula de escape, una fuente inagotable de excusas para revitalizar y resucitar a los sentimientos moribundos. No falla. Se apagan las luces de la sala y se encienden, al mismo tiempo, mecanismos que andaban a oscuras. Y, como diría el maestro Woody Allen, si la cosa funciona, el precio de la entrada se convierte en el mínimo peaje que toca pagar, nada comparado con la sonrisa en la cara, el nudo en la garganta o las conversaciones posteriores. Cosas impagables. 

     
    Se tiende a pensar que ese tipo de efecto lo consiguen películas gigantescas y de emociones desproporcionadas, pero sucede también, que a veces, te atrapa una historia pequeña, contada con los mínimos elementos, extravagante y, a la vez, profundamente cercana. 'Las Sesiones', película escrita y dirigida por Ben Lewin, cuenta la relación entre Mark O' Brien, un poeta y periodista tetrapléjico, que vie entre palabras y un pulmón de acero, y Cheryl, una terapeuta sexual con la que decide profundizar en las relaciones sexuales una vez ha decidido perder la virginidad. Sus gestos, miradas y conversaciones son la más pura demostración de química en pantalla que he visto este año y se debe, más allá del maravilloso guión, a sus dos intérpretes. Helen Hunt, recuperada tras un largo paréntesis, está estupenda y valiente, pero John Hawkes como O'Brien es otra cosa, la demostración de talento de un inmenso actor capaz de transformarse en cualquier personaje. Una interpretación conmovedora en el mejor de los sentidos. Junto a la pareja protagonista, unos secundarios entre los que brilla el sacerdote interpretado por el siempre notable William H. Macy, uno de los grandes secundarios del cine estadounidense. 
     
     
    Son varios los méritos de 'Las Sesiones'. La delicadeza con la que trata un tema que en otras manos podría haber caído en el chiste fácil y la vulgaridad más rancia, la arrebatadora ternura que desprenden sus personajes o su capacidad para tocar el corazón sin trucos fáciles de una trama que, no nos engañemos, era un buffet libre para los hambrientos de lágrimas. Afortunadamente, Lewin y su reparto, ofrecen una película cargada de honestidad y buenos sentimientos, repleta de escenas que emocionan con el arma principal y básica, una historia y las personas que la cuentan. 'Déjame tocarte con mis palabras porque mis manos yacen inútiles como guantes vacíos'. Un simple verso que, escrito y escuchado en el momento preciso, redondea la función básica de una película pequeña que no necesita un abrazo para conmoverte, sino la caricia entre dos personas que, a su modo, se están inyectando un trozo de vida que les marcará para siempre. Y el nudo de la garganta se mezcla con la sonrisa cómplice. Esa sensación. Justo esa. 

     

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