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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 14
    Septiembre
    2013

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    'La gran familia española' - Campeones

     

     
    Recuerdo perfectamente donde estaba cuando ocurrió. Yo, que solamente veo los partidos de mi Real Madrid, me contagié de la euforia de la Roja y, pese a vivir la Eurocopa previa y todas las fases del Mundial con una tranquilidad entre absurda y ficticia, llegué a aquella noche, a esa final, a ese momento, entre sudores, afonías e incapacidad para estar sentado como un ser humano normal que ve un partido de fútbol anormal. Porque podíamos ser campeones del mundo, todos. Porque podíamos vivir un instante histórico, todos. Porque podíamos salir propulsados durante un momento de lo que nos rodeaba, todos. Y poco importaba que te gustara más o menos 'ese deporte de once tios contra once tios dándole patadas a una pelota', porque lo que había detrás, sin necesidad de escarbar mucho más, era algo importante. O al menos lo parecía. O al menos lo seguía siendo. Decía que recuerdo perfectamente donde estaba cuando Iniesta marcó ESE gol, cuando ese chaval manchego, sangre que comparto, transformaba la Historia (deportiva) de este país. Salí corriendo, gritando gol como si lo hubiera conseguido yo mismo, me lancé al suelo y todos los amigos con los que estaba terminamos formando una montaña humana de entusiasmo y éxtasis. Minutos después, cuando Iker Casillas levantó ESA copa, pensé que era algo más que fútbol. Era un país tomando aire, encontrando un oasis en el desierto, guardando en la memoria una noche a la que aferrarse y regresar pasados los años y las tormentas. Y, lo mismo ocurre con 'La gran familia española', la nueva película de Daniel Sánchez Arévalo, que se centra en lo que pasa en los aledaños del estadio, en el túnel de vestuarios, en las faltas y tarjetas, en los goles, en los penaltis fallados, en la victoria y en la derrota.
     
     
    Esta historia de perdedores, fugitivos de la realidad, enamorados por pura filosofía de vida, románticos empedernidos, amantes de la mentira y la realidad cotidiana/ficticia que se intenta instalar en las bases de toda familia declarada Estado Unido, marca los tiempos como si de un partido de fútbol se tratara pero, aclaración para los despistados, sin hablar de fútbol. La banda sonora, más allá de las canciones del gran Josh Rouse, son las voces de una retransmisión incapaz de silenciar la tormenta de confesiones, ironías, sarcasmos, declaraciones y reflexiones que emergen de unos personajes que, como es costumbre en Sánchez Arévalo, están perfectamente dibujados y respiran una naturalidad aplastante. Te los crees. Te crees lo que cuentan, el modo en el que lo cuentan y las razones por las que lo cuentan. Es parte del secreto del triunfo de una película en la que destacar a alguien del reparto sería caer en una pequeña injusticia. Comandados por un genial Quim Gutiérrez, la frescura de Patrick Criado, la capacidad para enamorar de Verónica Echegui, la sensibilidad de Roberto Álamo, el (siempre) estupendo Antonio de la Torre, la contención de Héctor Colomé...Todos, absolutamente todos, funcionan a la perfección en unos papeles que parecen hechos a su medida. Un equipo titular sin capitanes, ni hegemonías, ni debates. Todos suman.
     
     
    Y si Sánchez Arévalo demostró desde sus inicios su grandeza, hablando con sencillez de las cosas más complejas, como guionista, queda remarcada en esta ocasión su evolución como director, como autor al que sus influencias no le restan un ápice de personalidad ni atrevimiento. A las similitudes destacadas con Wes Anderson, en lo estético, hay que añadirle una capacidad para transmitir con (preciosas) imágenes, los pensamientos, las formas de ser y el desarrollo de sus criaturas. Un cineasta que ha conseguido con 'La gran familia española' dar un paso más hacia delante, reafirmarse como una película repleta de momentos para enmarcar, preciosa y emocionante de la manera más honesta. Una confesión simultánea que es puro cine, el paso del tiempo de una amistad/amor a tres bandas en un día de verano o un espejo roto con mil rostros que son el mismo, son algunos de los hallazgos imbatibles de una historia que se deja para el tiempo de descuento uno de esos instantes mágicos, un desenlace donde la sonrisa y la lágrima, eso TAN difícil de conseguir, se unen sin prejuicios. Con 'La gran familia española', a Daniel Sánchez Arévalo le ha salido un partidazo. Y, al final es 'solamente' cine, pero, al igual que  'ese deporte de once tios contra once tios dándole patadas a una pelota', cuando ocurre esa magia, cuando Iniesta marca ese gol, cuando aparece el The End en technicolor, uno siente esa sensación de victoria, de que hemos salido ganando, de que somos campeones. Todos. 

     

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