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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 23
    Junio
    2013

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    'El hombre de acero' - ¿Why so serious?

    Llevamos tantos años viendo a los superhéroes luchar contra todo tipo de villanos, vencer todo tipo de poderes malignos, sobrevivir a todo tipo de situaciones imposibles que, de un tiempo a esta parte, no nos hemos dado cuenta del verdadero peligro, la auténtica amenaza que los estaba consumiendo: El Drama. El Exceso. La Épica. Cuidado, no voy a caer en la trampa (facilona) de señalar la trilogía de Batman que firmara Christopher Nolan como culpable absoluta del proceso degenerativo hacia el bostezo en el que se encuentra sumergida la figura del superhéroe. Aquellas películas del Caballero Oscuro eran cine en estado puro, apabullantes ejercicios de entretenimiento para todos los públicos que suplían sus carencias, siempre ocasionadas por sus desmesuradas ganas de más, con profundidad psicológica, reversos del protagonista llenos de grises, cuando no totalmente oscuros. Desde que 'Batman Begins' y, especialmente, esa obra maestra llamada 'El Caballero Oscuro', dieron con la tecla exacta para conseguir dinero y alabanzas, en este orden, el resto del universo, llámese Marvel, llámese DC Comics, estudiaron la fórmula al milímetro para intentar repetir éxito. ¿Qué estaban las franquicias ya cubiertas? Se reiniciaban, y listo. Que le pregunten a Spiderman. En medio de ese océano de dramas humanos  tras los trajes y máscaras, un oasis de diversión y entretenimiento, 'Los Vengadores', la película que más fácil tenía caer en la búsqueda infinita de la trascendencia, decidió apostar, bendito Joss Whedon, por el espectáculo familiar, pop y deliciosamente retro. Después de todo, ¿no se ha tratado siempre de esto? Ya parece que no. Superman, superhéroe entre los superhéroes, icono popular para un buen puñado de generaciones, no tenía todavía su GRAN película. Sus primeras entregas se recuerdan siempre con cariño, al menos la primera y segunda parte, en especial por el magnífico carisma de Christopher Reeve pero su fallido regreso, aquella 'Superman Returns' a la que muy poquitos seguimos defendiendo, parecía una de las razones más evidentes para volver a probar suerte. Y si se quiere seguir el modelo Nolan, ¿quién mejor que el propio director de 'Origen' para llevarlo a cabo?

     

    Él, tipo listo, ha reducido su tarea a producir y poner su nombre en letras tan mayúsculas como su protagonista, para atraer a un público que espera ver a una especie de álter ego de Bruce Wayne. Para redondear la jugada, Zack Snyder, un director al que, después de la inadmisible 'Ga'Hoole',  todavía le queda crédito gracias a '300' y 'Watchmen'. Aquella ida de olla tan de culto llamada 'Sucker Punch' ha quedado como eso, como una ida de olla. Puestos los nombres, a los que hay que sumar a David S. Goyer, como guionista, sí, también detras de la omnipresente trilogía del hombre murciélago, nos quedaba un cartel promocional maravilloso, un imán de espectadores, un seguro de vida en taquilla aumentado por los espectaculares trailers e imágenes que nos iban distribuyendo con pura inteligencia (comercial). Superman, ahora sí, se iba a sumar a la lista de grandes superheroes con grandes superpelículas. Pero no. Mucho, infinito, ruido y pocas, poquísimas, nueces. Hasta en el título, 'El hombre de acero', en vez de Superman, se ven las costuras de un mastodonte cinematográfico ansioso por demostrar, desde su inicio y hasta el final, su grandeza, su inmensa grandeza. A falta de ideas, subir el volúmen. A falta de novedades, aumentar las explosiones. A falta de personalidad, aumentar los golpes. Y así durante 143 minutos de acción pura y dura, de impecable factura técnica, solo faltaba, pero de alma invisible. Todo lo que se ve en 'El hombre de acero' ya se ha visto antes, y mejor. Y lo fácil sería dictar sentencia y señalar como culpables a Nolan y Snyder, pero no, ambos simplemente cumplen con su cometido. El error real y mortal de la película está en el guion de Goyer, un batiburrillo de influencias y referentes, ajenos y propios, sin ningún tipo de ritmo narrativo, una manera de contar la historia desordenada y facilona, un cúmulo de tópicos que no se pueden justificar con el manido 'es que ya sabemos lo que va a pasar'.

     

    Porque no. Porque no sabíamos que Amy Adams también podía equivocarse eligiendo películas. No sabíamos que Henry Cavill sería una figura de acción con los gestos justos. No sabíamos que Hans Zimmer repetiría la MISMA banda sonora durante tantos años. No sabíamos que Snyder, cuando decidiera dejar de lado la cámara lenta, rodaría las escenas de acción como si de un videojuego se tratara. No sabíamos que la química entre Superman y Lois Lane sería inexistente. No sabíamos que veríamos y escucharíamos diálogos y escenas tan sonrojantes como, por ejemplo, todas aquellas en las que aparecen Diane Lane y Kevin Costner. No sabíamos que Nolan tenía un ego tan hinchado como para permitirse 'autohomenajes'. Bueno, esto último quizás sí. La cuestión es que, al final, no a todo el mundo, ni a todos los personajes, les viene bien ponerse tan dramáticos. 'El hombre de acero' tiene escenas de acción espectaculares. Todo el tiempo. Y un guion infantil y estúpido. También todo el tiempo. La cuestión es que, lo que en un personaje con las características de Batman podía funcionar a la perfección, y lo hacía, aquí suena a parodia, a copia barata. Y no haría la (odiosa) comparación, si la película no lo pusiera tan, tan fácil. Después de todo, estamos hablando de un tipo que, cuando se pone unas gafas, pasa desapercibido para todo el mundo. No hay que tomarse todo tan en serio. Ni siquiera a los superhéroes. 

     

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