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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 20
    Septiembre
    2013

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    Vivir en el mundo ya supone estar haciendo una especie de viaje

    A pesar de que soy un usuario veterano del metro, nunca deja de impresionarme todo lo que lo envuelve, y más ahora en plena crisis. Entra en el vagón una mujer joven con un niño en brazos, y en su discurso es difícil no imaginar la dura aventura de una precoz derrota, por mucho que alguien me pueda decir que el bebé quizá no sea suyo sino un reclamo para ablandar corazones. Pero el bebé existe, yo lo he visto. Después ha lanzado su súplica una mujer de edad avanzada, con la cara casi oculta en un pañuelo negro, que anda con dificultad y que parece extraída del Infierno de La Divina Comedia. Muchos de los viajeros han bajado la cabeza, como si les diera vergüenza que un ser humano se vea sometido a una situación tan vejatoria. Ya no hay personas que pidan con gracejo y cara dura: ahora los que piden es porque lo necesitan de verdad. Estamos llegando a una situación que se puede eternizar, porque la salida es simplemente voluntarista. No hay ningún método conocido para que la situación mejore. ¿Qué trabajos son posibles para los marginados? Pero Madrid siempre ha sido una ciudad de contrastes, así que después de tanta desgracia uno se encuentra de sopetón con un africano que canta canciones alegres con una consigna que repite con éxito: una sonrisa no arruina a nadie. Nos lo dice a todos, y a la mayoría le ha gustado este momento de suave alegría un poco impuesta, sí, pero real. Después he caminado durante un buen rato por el centro de la ciudad, y me he encontrado de frente con el cine Luchana, con ese aire provinciano y afable que me recuerda al cine Astoria. Se parecían, porque ni uno ni otro existen ya, absorbidos por la marea depredadora que ha afectado a muchas salas de cine en las que disfrutamos durante muchos años. Al atardecer, mientras espero el metro en el andén de Iglesia, leo en la novela La hoja plegada, de W. Maxwell: vivir en el mundo ya supone estar haciendo una especie de viaje.

    Motivo: Madrid

     

     

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