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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 26
    Febrero
    2013

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    Virxilio Vieitez

    Veo a un tipo de mediana edad, algo desaliñado, con una bufanda anudada de forma poco ortodoxa. Viste una gabardina beige de detective de película de antaño, y parece temeroso de no llegar a tiempo. Lo veo reflejado en los cristales del metro, y tardo muy poco en darme cuenta de que soy yo, convertido en un personaje aturdido, una de esas personas a quien Virxilio Vieitez pudo haber fotografiado, si hubiera estado en Madrid, lejos de su pueblo. Pero Virxilio Vieitez sólo fotografió a sus paisanos, y ahora los podemos contemplar en una exposición que me ha parecido un hermoso relato sin principio ni fin, y que se puede empezar por donde uno quiera porque es un recorrido circular que es a la vez exterior e íntimo. Es indiferente que el pueblo sea Soutelo, porque podría ser cualquier otro pueblo de cualquier región de España, a mediados del siglo XX. Cualquier persona de mi generación se siente reflejada en la presencia cercana y casi familiar de los retratados. Una niña mira hacia la cámara con ojos vivos, sorprendida por el interés que el fotógrafo manifiesta por fotografiarla. Un niño coloca sus manos en el volante de un coche, con esa ilusión incomparable con que se tocan los objetos fabulosos que desearíamos poseer y que nos muestran los muros infranqueables que nuestros padres no han podido alcanzar y que quizás nosotros de mayores conseguiremos como un gran triunfo. Un niño lleva un gato entre los brazos, y al verlo con su expresión de serenidad asustada es como si me viera a mí mismo, a principios de la década de los sesenta. Una vieja vestida de negro podría ser mi abuela paterna de Can Velos, arrugada por las dificultades y por una melancolía que quizás nunca pudo expresar a nadie, salvo a su corazón. Una joven despeinada mira hacia el fotógrafo y da la sensación de que quiere decirnos algo con sus ojos de sueños irrealizables. Una mujer posa sola en su habitación, vestida de novia, a punto de casarse, y hay en sus ojos una tristeza de cordero a punto de ser sacrificado para preservar una costumbre que ella preferiría no tener que cumplir. Otra mujer, de mediana edad, con los brazos cruzados, parece decirle al fotógrafo que no pierda más tiempo en retratar a una mujer como ella, pero Virxilio se empeña, y lo que vemos es de una verdad que te traspasa, con su empeño por comunicar con la firmeza escrita en su mirada lo que ni ella conoce de sí misma. Recuerdo estos retratos mientras me veo reflejado en los cristales que hay entre el vagón y la oscuridad de los túneles que me llevan al aeropuerto. Me veo como si fuera yo también uno de ellos, uno de los que ha fotografiado Virxilio Vieitez, porque yo también me siento un fugitivo de mi infancia, alguien que recuerda para compartir las vivencias con otros, por muy diferentes que fuesen sus coordenadas de las mías. Y es que el metro es sin duda un lugar en donde Virxilio podría haber fotografiado nuestras caras de personajes extraños, viajeros de frente arrugada que buscan algo que se les escapa, y que por supuesto no saben lo que es, y que quizás nunca lleguen a saberlo, por mucho que se empeñen, testarudamente.

    Motivo: Fotografías de Virxilio Vieitez. Fundación Telefónica. Madrid

     

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