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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 13
    Enero
    2013

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    Varias fronteras

    Es temprano, y en el autobús para ir al centro sólo hay unos cuantos pasajeros. Son cinco, y están juntos; las mujeres llevan un paño en la cabeza a modo de pañuelo, y la falda de color apagado les llega hasta los pies; los hombres llevan la americana raída, y una expresión de cansancio que los identifica: son emigrantes, pero no de los que van a trabajar a otro país a la búsqueda de una oportunidad que no tuvieron en su país de origen, sino simplemente emigrados que parecen estar situados en la frontera de todas las fronteras, porque a su edad las expectativas son difusas, y el futuro puede que sea solamente una palabra sin contenido. Pero una de las mujeres manifiesta un deseo de vivir que se le nota en la manera de dirigirse a los otros, en un atisbo de alegría que tiene su raíz en una esperanza casi utópica. Abre una bolsa de plástico y saca un cucurucho de papel lleno de churros. Y poco a poco va repartiendo los churros, como un regalo de reyes que hubiese llegado con unos días de retraso. Los demás lo agradecen de veras, y siguen conversando en un idioma que no entiendo, y no tienen teléfono móvil. El autobús se va llenando, y es entonces cuando mis cinco vecinos de asiento llaman la atención por contraste con la uniformidad del resto de pasajeros. Cuando nos bajamos en la Plaza de Islandia los veo alejarse, y sé que los volveré a ver en algún lado, quizás en una esquina, o en una acera, o buscando algo en una bolsa, o en las escaleras de entrada a una entidad bancaria. En la esquina de los Capuchinos hay mucha gente a la espera de que les llegue el turno. Visten como tú o yo, porque han tenido empleo y vivienda hasta hace poco, y por esto aún no parecen distintos. Sus ropas conservan el brillo de días mejores, y han formado parte del engranaje que mueve el mundo.  Camino por la calle de Sant Miquel, y en una terraza separada de la calle por una mampara de plástico transparente veo a dos jóvenes que se besan, y sobre la mesa dos tazas de café con leche humeante. La iglesia tiene la puerta de entrada abierta. Con frecuencia suelo entrar para mirar detenidamente la imagen de la Mare de Déu de la Salut, que es una escultura que desprende autenticidad humana, completamente alejada de cualquier atisbo de divinidad. En el mercado intento buscar una parada en la que las alcachofas sean de mi agrado, y me siento arrastrado por los colores de las frutas y las verduras, que me comunican instantáneamente el deseo de disfrutar de lo más sencillo de la vida, que suele ser casi siempre lo más necesario, y aquello de lo que se puede extraer mayor rendimiento. Cuando vuelvo a la Plaza de Islandia hay un grupo de personas que hablan en voz alta, unos sentados y otros de pie, y en la churrería hay compradores de churros y porras, y entonces automáticamente recuerdo mis desayunos con mi amigo José Antonio en una cafetería de Madrid, cerca de la Puerta del Sol, los domingos por la mañana en que salíamos del cuartel de Hoyo de Manzanares. Todo se mezcla en la memoria: el pasado, el presente, las ideas y las fabulaciones, los pensamientos más convencionales y los más transgresores, pero la confusión temporal se desvanece y me veo de nuevo sentado en el autobús de regreso, rodeado de otros pasajeros que parecen disfrutar de este día de descanso. Cuánta diversidad se abre camino sin que sea posible establecer vínculos entre unos y otros: las caras conocidas de cuando yo vivía en el pueblo aquí son figuras que se desvanecen. He comprado el periódico en el quiosco y he empezado a leer los titulares para entrever al menos las razones empíricas que me empujan a buscar una explicación de la realidad, pero las noticias son dardos de difícil digestión, porque sólo lo que vemos delante de nosotros nos explica la realidad, impulsivamente

    Motivo: Sábado por la mañana. Línea 6. Caputxins. Calle de Sant Miquel. Mercat de l’Olivar

     

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