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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 10
    Marzo
    2013

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    Unos y otros

    Este sábado por la mañana, Ciutat tiene un tono comunicativo, a pesar del trasfondo económico de la crisis. El ocio es tranquilizador, pero enseguida me cruzo con la cruda realidad, porque la vida no es uniforme y estamos sometidos a sus vaivenes. Una mujer me para y me dice si le puedo dar algo de dinero, porque ha perdido su documentación. Me enseña un escrito para justificarse, así que me creo buenamente lo que me dice, y sigo caminando hacia el Mercado del Olivar. He quedado con Pep enfrente del payés de Tomás Vila, y como aún faltan diez minutos me siento en un banco justo cuando pasa un señor con muletas y gorra de marino, como si fuera un personaje de ‘La isla del tesoro’. A mi derecha hay un hombre de mi edad con boina azul, jersey rojo y chaquetón verdoso. Lleva una bolsa de la que sobresale una botella de vino. Una vieja en silla de ruedas es empujada por otra mujer de mediana edad. Y de repente se sienta a mi lado un hombre de pelo ensortijado que desenfunda una guitarra y empieza a afinarla. Me hago a un lado y me lo agradece. Interpreta con aplomo unos compases de música improvisada que interrumpe para seguir afinando la guitarra. Un abuelo pasea a su nieto empujando el cochecito muy atento a cada uno de sus movimientos. Varias personas salen del mercado cargadas de bolsas, y unos chicos se deslizan con estrépito sobre sus patines. Una mujer va en bicicleta, y el guitarrista finalmente enfunda la guitarra y se va con la música a otra parte. Un mendigo empuja un carrito de supermercado lleno de mantas y de bultos y de otras cosas de difícil clasificación. Me levanto para acercarme a la escultura del payés, justo cuando un señor muy elegante sube la escalera hacia el mercado apoyándose en la barandilla. Me doy la vuelta y veo que Pep acaba de llegar, dispuesto a que compartamos con entusiasmo la compra para la comida de mañana, fraternalmente.

     

     

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