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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 30
    Agosto
    2015

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    Cine

    Una tarde perfecta en el cine Rívoli

    Asistimos al cine para que alguien nos cuente una historia en imágenes, pero a medida que pasa el tiempo hay más ingredientes que añadimos imperceptiblemente. Comprar la entrada en la ventanilla forma parte de un ritual que no quisiera perder, a pesar de la presión a que somos sometidos por la falsa comodidad anunciada de comprar la entrada por internet. Qué ventajas tiene comprar la entrada por internet si es mucho más sencillo hacerlo en la ventanilla. A mí me gusta saborear las condiciones del lugar, sentir que formo parte de este grupo que espera a que se abran las cortinas  y a que el empleado del cine nos anuncie solemnemente que ya podemos pasar, la expectación compartida por la película que va a empezar, la decoración de la sala, todo lo que vemos hasta que se apagan las luces y entonces, sí, ya nos enfrentamos a la historia, con sus misterios y su expectativa de conocimiento y de disfrute. Las pocas salas urbanas que quedan en Ciutat (Cine Ciutat, Augusta, Rívoli) son nuestro hilo de Ariadna con el placer de contemplar una película de cine, porque nos convierten sólo en espectadores, adictos a ese placer de escarbar en la vida a través de imágenes. Gracias al cine nuestra experiencia personal se enriquece con la experiencia de otros, en un intercambio que nos convierte en poseedores de una visión más compleja del mundo, llena de aristas y de recovecos, de grietas a través de las cuales se divisa lo efímero y lo duradero, lo banal y lo esencial. Prefiero asistir a una proyección en una sala de cine, en vez de hacerlo en casa, porque me gusta sentirme rodeado de otras personas que comparten esa afición que nos viene quizás del hecho de que somos seres humanos, y como seres humanos somos sociables por naturaleza, y la sociabilidad nos lleva a ese afán de saber algo más acerca de nuestros compañeros de viaje. Cuando vivía en Madrid me sentía muy próximo a los espectadores que hacían cola los domingos por la tarde, muchos de ellos vestidos con la sencilla elegancia de quien acude a un acto para el que hay que prepararse adecuadamente. En Ciutat el ambiente equivalente es el de los tres cines urbanos que nos quedan. Ir solos, o en pareja, ir al cine como una manera de desengancharnos del mundo justamente para saber más acerca de él, el mundo que se nos ofrece en las historias de otros que, como luz reflejada, nos cuentan cómo somos nosotros: el cine actual, con su  afán por desenmascarar los disfraces de la realidad, nos ayuda a saber algo más sobre los conflictos que no podemos entender del todo si sólo leemos el periódico. La oscuridad de la sala, los otros espectadores, el ambiente de concentración absoluta: cada uno está sólo frente a la pantalla, pero acompañado por su propia experiencia de otras películas, cuyas imágenes le asaltan de vez en cuando, para completarse y para completar las que estamos viendo. Y si es en la Sala 1 del Rívoli mucho mejor: por qué me gusta tanto esta sala en concreto, cuya decoración parece que es el complemento adecuado para acompañarnos, cuando se apagan las luces y nos quedamos frente a frente con la pantalla.

     

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