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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 10
    Agosto
    2013

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    Una semana en Pollença

    Tomo café en Cas Moixet y me acerco a las diez en punto al Club Pollença. Entro con otro asistente habitual, y nos sorprende que estén las luces apagadas y que no haya llegado nadie más. No tardamos demasiado en darnos cuenta de que la conversación entre Eduardo Mendoza y José C. Llop es por la tarde a las 19 horas. Estoy seguro de que en el programa que he consultado la hora fijada era las 10 de la mañana. Reconozco en mi compañero del despiste al hombre que ayer vi acariciar una cuerda de la escultura que representa un arpa apoyada en una roca, de Pedro Flores. Hoy va sin bastón, y empezamos a hablar sobre la guerra. Él tenía doce años en 1936, y ahora tiene casi treinta más que yo. Nos sentamos en la cafetería, y al conversar con él siento que la experiencia es una palanca para entender la vida, si se han administrado bien las emociones, y si se tiene salud. Llega un amigo de Jaume, y se despiden de mí. Pollença es un recuerdo permanente, y más todavía el Port, en donde pasé hace años tantos momentos agradables. Me fijo en el quiosco de los helados Valls, y recuerdo la motocicleta conducida por un señor muy agradable que llevaba adosado un carrito en la parte de delante. Desde la playa nos acercábamos a comprarle un cucurucho. Me invade la sensación de que a determinada edad empieza a existir un pasado que se tiñe de nostalgia, pero no quiero insistir por ahí, y me paro en una panadería a comprar una barra de pan, que me ha parecido mejor que en la mayoría de panaderías de Ciutat. Uno se deja llevar por las comparaciones, cuya evaluación cambia continuamente, porque los criterios para medir la calidad de las cosas y de los hechos son de naturaleza poco estable. En el coche pongo Radio Clásica, pero no presto demasiada atención, porque he de abrir las ventanillas. Un coche me acosa y me quiere adelantar. Voy a noventa quilómetros por hora. Al llegar a Ciutat recuerdo la fulgurante estatua dedicada a Joan Mas que está cerca de una hilera de cipreses esplendorosos.  

     

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