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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 08
    Febrero
    2013

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    Una noche solitaria

     

    Salgo de casa y me quedo a la espera del autobús, expuesto al aire no demasiado frío pero sí bastante desagradable que corre calle abajo. Ciutat, de noche, es la ciudad que cada uno ha de saber encontrar, porque casi desaparece, como me advirtió hace ya bastante tiempo un amigo que llegó por primera vez. Había sido destinado aquí y venía a incorporarse a su puesto de trabajo. Llegó un domingo por la tarde y no encontró ningún restaurante para cenar, ni otro lugar cualquiera para tomar algo. Hace más de veinte años. Desde entonces Ciutat ha ido cambiando, pero no es una ciudad acogedora para los que llegan. Lo acogedor puede manifestarse por detalles que en apariencia son insignificantes: por una conversación con el taxista que te lleva hasta tu casa desde el aeropuerto, por un gesto afectuoso de alguien al responder a una pregunta, por una luz cálida que observamos al otear un rincón. Estos detalles resultan decisivos para que la primera sensación determine nuestro pulso sentimental con una ciudad. Hay sensaciones que pueden sobrecogernos para siempre y que nos condicionan, y que no somos capaces de comprender racionalmente pero que nos sumen en la indefensión. A la espera del autobús la ciudad es esta calle y estos árboles que parecen suspendidos en una noche que me comunica intranquilidad y algo de congoja. Las causas de los afectos y desafectos con nuestro hábitat tienen relación con hechos puntuales que quizás borraremos pronto. Quizás, pero mientras tanto nos cuesta adaptarnos al medio en el que vivimos, incluso después de muchos años y de muchas experiencias. Qué improbable es la comprensión de nuestros sentimientos, y qué difícil es entender el fondo de algunos conocimientos. Quizás el alma esté en el cerebro, aunque cueste reconocerlo.                                                                              

     

     

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