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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 15
    Diciembre
    2012

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    Una corriente que nos empuja

    Con el tiempo detenido aún por la inercia de la noche, al cruzar Ciutat he recordado la luz de las fotografías de Josef Sudek, que parece que respiran ellas mismas al ser observadas. Es quizás en las primeras horas del día cuando se puede recorrer una ciudad con la convicción de que lo que se nos ofrece es verdadero. Es cuando los ruidos son estrictamente necesarios: en el Olivar hay camiones en la parte de atrás, abren los bares y dentro de poco llegarán los pintores callejeros. Se tiene la sensación de que todo forma parte de una unidad de la que los ciudadanos constituimos el eje, o el punto de arranque, o las dos cosas a la vez. Pero es una falsa ilusión, o una percepción idealista de lo que debería ser una ciudad, porque están llegando los primeros necesitados a la iglesia de los Capuchinos, y la cola empezará a crecer dentro de poco. Qué tregua puede ofrecer Ciutat a los que no tienen lo imprescindible para sobrevivir. Un poco más allá, contemplo la progresiva desnudez de los chopos, que son árboles que requieren un silencio vivísimo para que sus hojas interpreten su deliciosa música. Por unos instantes veo un gran cartel en el teatro Balear. Voy de la mano de mi padre a comprar las entradas para asistir al circo, y mi padre anda muy rápido, y él y yo tenemos casi toda la vida por delante, y a su lado me siento seguro, y protegido, y feliz. Hace ya más de 50 años de todo aquello, y ahora los hombres y las mujeres vivimos sumergidos en una mercadotecnia meticulosa. Quién sabe lo que es mejor y lo que es peor. La medición de los comportamientos es siempre imperfecta, y no siempre permanece lo que recordamos, ni lo que pensamos que debería ser rescatado del olvido. En la madurez somos más conscientes de los extremos. Es quizás una ley del tiempo: todo se percibe como una corriente que nos empuja, inevitablemente.

     

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