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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 16
    Diciembre
    2012

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    Un viaje corto

    Salimos muy temprano para pasar el día en el campo. La sensación de alivio que produce caminar por la naturaleza tiene que ver con la quietud del entorno, que conmueve y nos hace pensar en lo duradero, esa idea casi ausente de nuestro pensamiento. Me fijo en los árboles a contraluz, sobre una leve inclinación del terreno. Las higueras, los almendros y los algarrobos acompañan a las personas humanas desde hace siglos, en su quietud de ofrecimiento. La disposición de lo que observamos al caminar es un contrapeso de las dudas, no porque haya certezas que nos complazcan, sino porque la realidad exterior excita los sentidos sin apenas contratiempos. Controlamos el movimiento lento, y nos sentimos seguros porque podemos remediar cualquier imprevisto con la ayuda de la experiencia. Al subir la montaña hablamos acerca de asuntos que olvido enseguida, porque mi memoria retiene mejor las imágenes que las opiniones acerca de la actualidad. Arropados por la amistad, el día entero transcurre sin darnos cuenta. No somos excursionistas, ni buscadores de felicidad, ni náufragos que reman hacia un puerto seguro. A medida que se acerca la noche parece que todo lo que nos ha acompañado durante las horas de luz se va apagando. Los árboles ya no están a contraluz. Antes de subir al coche nos quedamos hablando un rato acerca de lo que haremos el fin de semana, pero casi no importan los proyectos a corto plazo. No existe el ocio programado. La división entre ocio y trabajo es la aspiración de los que administran el tiempo como si fuera un bien escaso. Y sin embargo no se agota llenándolo. Al contrario: se reproduce en la memoria. Pienso esto al entrar en Ciutat, la autovía como un camino de líneas blancas reales y de líneas de colores imaginarias que se pierden en el horizonte. Las montañas que rodean Ciutat nos recuerdan que todo viaje es cíclico, y que cualquier corta ausencia requiere el don del regreso, necesariamente.

     

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