Blog 
Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
RSS - Blog de M Angel Moyà Juan

El autor

Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


Archivo

  • 16
    Febrero
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Un hombre con un vaso de cerveza en la mano

    Camino de noche, de regreso a casa, después de haber asistido al concierto. Hay poca gente por Ciutat a esta hora. El silencio sólo es alterado por los coches. En el rellano de un cajero automático un hombre está tendido en el suelo, envuelto en mantas y cartones. En un bar un hombre mira el televisor rodeado de sillas vacías,  como si se hubiera quedado solo para afrontar el resto de la noche.  Un grupo de chicos charlan animadamente en las afueras de otro bar, como si estuvieran en verano. Unos metros delante de mí camina enérgicamente un hombre joven que lleva un carrito que por su rozamiento con el suelo deduzco que debe de ser bastante pesado. Lo arrastra con decisión, sin que deje traslucir cansancio. Lleva una gorra roja deportiva, y una gran mochila a la espalda. En la Plaza Madrid cruza el paso de peatones y sigue hacia arriba por la otra acera. Mientras tanto cuento los pisos del edificio más alto de Ciutat. Son 22 plantas, si no me equivoco. Ahora paso por delante de la cafetería que hace esquina en la que hace una semana había un músico. Hoy el músico no está, pero hay bastante gente y varias pantallas grandes. Dos mujeres hablan en la esquina, y al notar que alguien se acerca parece que se sobrecogen, como si se pusieran a la defensiva, pero una de ellas me mira y se queda tranquila y continúa hablando. Quizás sean las mismas con las que me he cruzado otras veces a esta hora de la noche. Hace fresco, pero andar va muy bien porque parece un descanso placentero, un pasatiempo para las piernas. Me siento muy a gusto porque la rodilla derecha ha recuperado toda su flexibilidad. Hace un mes me imponía una limitación a mi habitual caminata, pero ahora se han disipado las dudas. El hombre del carrito y de la gorra roja sigue andando con decisión, paralelamente a mí, al otro lado de la calle. No hace ni una sola parada. Avanza y avanza. Paso por delante de un bar que tiene una mesa en la acera a la que está sentado un hombre con un vaso de cerveza en la mano. Es de mediana edad, con barba blanca, y cuando paso por delante de él me fijo en su manera de estar sentado, que es la de alguien cansado que busca que lo acojan. Pero desvía la mirada y yo sigo hacia adelante y miro hacia el hombre de la gorra roja, justo cuando entra en un edificio y su figura desaparece enseguida detrás de la puerta que se cierra. De repente me fijo en otro hombre con carrito que se detiene a mirar en un contenedor. Después gira hacia una calle oscura y dejo de verlo. No estoy cansado, pero me alegro de llegar a mi vivienda, que me va a acoger como si fuera una recompensa. Al cabo de un rato recuerdo que ahora mismo cruza el cielo un meteorito a 27000 kilómetros de altura. En unas horas habrá recorrido el trayecto entre la Osa Mayor y la Estrella Polar. Está sometido a las leyes de Newton, y así y todo no dejo de pensar en él como si fuera una amenaza, curiosamente.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook