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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 06
    Enero
    2013

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    Todo tiene sentido, y aún es pronto

    La escultura Dona cosint sobrevive a cualquier gamberrada. Los burdos brochazos de color amarillo y el ridículo pene que es sólo una firma grotesca desaparecerán poco a poco y reaparecerá entera la noble obra de arte que nos acompaña desde hace más de 30 años. No atisbamos maldad, sino la pereza mental de alguien que no es capaz de respetar lo que es de todos. La escultura de la mujer que cose está ahí para ofrecer el mensaje del hilo de la vida: su iluminación procede de los que gozan de ella al contemplarla. 

    Camino por los alrededores del Olivar. El tiovivo está parado, pero aún así tiene el encanto levemente apagado de los que conocimos de niños, como en la fotografía melancólica de Robert Doisneau. Unas cuantas personas suben y bajan por Sa Costa de Sa Pols, y en la fachada de la iglesia se dibujan formas extrañas que no sólo son marcas trazadas por el azar y la lluvia. Toda definición puede ser considerada un límite, pero la fachada de una iglesia que no ha sufrido restauración alguna es un lienzo en el que el tiempo va dejando sus huellas. 

    Un hombre sube con rapidez las escaleras de la Missió, mientras se oyen los rítmicos taconazos de una mujer que camina hacia La Rambla. El poema de la pizarra de la librería empieza así: Yo no soy nadie /Quién eres tú /¿También tú no eres nadie? / ¡Entonces ya somos dos! / ¡No lo digas! / Lo pregonarán, ya sabes / Cualquier emoción sobrevenida furtivamente necesita del filtro del pensamiento, ya que una observación atenta se nutre de otras, para no perder el hilo y para relacionar lo que acabamos de descubrir con lo que ya sabíamos o creíamos saber. 

    Voy al aeropuerto a esperar a mis amigos, que llegan de Bilbao. El enorme edificio aparece al fondo, como el guardián iluminado de la noche. Un aeropuerto es un enlace con el mundo, aunque a veces no lo parezca, y puede ser engullido por una falsa apariencia de frialdad, pero es el lugar de las despedidas y de los reencuentros, y esto lo redime. Cada abrazo es un apego esperanzado a la vida que nos salva de la mezquindad y de la duda. Por la autovía hablamos de amigos comunes, de los puerros excelsos que el padre de Josema cosecha en su huerto, de la sidrería de Éibar que yo recuerdo de una cena estupenda. Hay alegría, y viaja con nosotros la reconfortante sensación de compañía que nos hacemos desde hace años, afortunadamente

    Motivos: ‘Dona cosint’, de Pere Martínez Pavía. La fotografía de Robert Doisneau ‘El tiovivo del señor Barré, julio 1955’. Poema de Emily Dickinson en la pizarra de Babel. Viaje al aeropuerto

     

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