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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 28
    Enero
    2013

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    Tesoros de la civilización

    En invierno, después de la lluvia, el campo es casi alegre, con sus aromas de lentisco y de romero, de acebuche y de sabina. Dejamos la garriga, cruzamos la carretera y bajamos hacia el mar, lentamente. Y por allí los aromas provienen de la espuma de las olas que rasgan el silencio y que moldean las rocas y las algas. No hay apenas pájaros, sólo piedras y olas: las olas de la vida, que nos empujan hacia lugares profundos, y que tardamos tanto  en descubrir. Y, sin embargo, en el recorrido de cada ola no hay más que una oscilación vertical. El espacio está ahí, quieto, y lo que cambia es su superficie. En cambio, la orilla del mar es a la vez el mapa del tiempo y del espacio. Entre las piedras rasgadas por milenios de actividad incesante hay un bote de leche vacío, el respaldo de una silla rota, una red de pescar enrollada en un palo, una botella de leche con el tapón rojo, la tapa amarilla de un contenedor de basura, una botella de lejía y a su lado otra de agua, un bolígrafo azul, tubos de todas las medidas, un mechero, un trozo de toldo roto azul y blanco, una sandalia. Sorteamos todos estos objetos como náufragos perdidos en un camino de ruta cifrada. No hay referencias, porque lo que acabamos de dejar atrás hace un momento se nos presenta de nuevo enseguida, o esto nos parece. A veces cambia el paisaje gracias a una sabina inclinada por décadas de viento y de sol a la que damos la espalda con una aprensión propia de seres huraños y huidizos. Quizás seamos fugitivos de la vida cotidiana, a la que no queremos regresar. En este paseo interminable el tiempo es el lienzo del olvido: lo anterior desaparece, se disuelve como si no tuviéramos edad, a golpes de camino. Pero de pronto llega la carretera, que en cada mojón nos da las coordenadas precisas que nos devuelven al territorio de siempre. La carretera es una línea que empuja y empuja y nos lleva de regreso, inevitablemente.

    Motivo: Paseo por Cala Blava 

     

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