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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 24
    Septiembre
    2013

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    Tantos libros que no podré leer

    El encuentro con Manolo ha tenido que aplazarse, así que decido andar por la calle Hortaleza, desde Alonso Martínez hasta Gran Vía. Una mujer madura mira un escaparate con mucho detenimiento, como si buscara algo importante para ella. Avanza y retrocede, y finalmente se decide a seguir por la misma acera que yo. Ha aumentado el número de ciudadanos que utilizan la bicicleta como medio de transporte, y no siempre se encuentra el lugar apropiado para aparcarlas. Enfrente del hotel Kafka hay una, pero hay más en otros sitios, como en el hermoso patio ajardinado del Colegio de Arquitectos. Una moto pasa a mi lado, en donde está el establecimiento Robustiano Díez Obeso, Simientes, Semillas, Granos, Legumbres. En la otra acera hay un hostal de dos estrellas que se llama Hostal El Catalán. Ya se nota que llego a la Gran Vía, porque al fondo se oye la agitación del tráfico y el murmullo de los transeúntes, que aumenta a medida que avanzo. Sin haberlo premeditado noto que mis pasos me llevan a la librería La Central, en donde me apetece fisgar entre las mesas y los anaqueles, libre por fin de aquella desazón que me invadía al tener que admitir que no puedo leer ni un pequeño porcentaje de los libros que me interesan. Hace falta haber vivido algo para ser conscientes de nuestras limitaciones. En el reservado destinado a la lectura me detengo en un libro de memorias de Edgar Morin, y en otro de Lawrence M. Krauss. Más que leer, salto de un párrafo a otro sin la necesaria disposición mental. Estoy cansado, porque he caminado mucho, así que voy al bar de la planta de abajo para tomarme un café, acodado a la barra, rodeado por lectores empedernidos que parecen rascar tiempo de donde pueden, en esta ciudad en la que los que trabajan prácticamente viven para el trabajo, como si se hubiera instalado entre nosotros la ética protestante. No todos van acompañados. En Madrid se percibe el peso de los solitarios, aunque muchos de ellos quizás lo sean por elección. La vida de cada persona se expande en mucha direcciones, como si cada uno de nosotros fuese un proyecto en continuo movimiento, cuyos objetivos son imprecisos porque dependen no sólo del empeño sino del azar.

    Motivo:  Paseo desde Alonso Martínez a Callao. La Central.

     

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