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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 08
    Septiembre
    2013

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    Siempre al acecho, más allá de cualquier contratiempo

    Estamos siempre expuestos a la decepción por cualquier motivo, pero la vida es una sucesión de acontecimientos sobre los que no podemos influir. La lluvia de esta madrugada me lleva a pensar en la imposibilidad de entender las cuestiones más o menos llamativas que acaban de ocurrir –la elección de la sede olímpica, el conflicto de Siria, o en el ámbito local la huelga de profesores- y que me empujan a una necesidad de buscar las razones, a pesar de todo. Vivir sobre la duda, como si fuera nuestro hábitat, no ha de impedir la permanente búsqueda de explicaciones, por muy intuitivas que sean. En el libro que leo estos días, las Crónicas de Juan Gil-Albert, cada experiencia vivida por el autor le empuja a pensar acerca de ella, para entresacar la esencia de la misma, aunque a veces no le convenza al lector, porque la índole individual de la misma parece estar sólo al alcance del que la ha vivido. Viene esto a cuento de que nos vamos convirtiendo sucesivamente en ‘otros’, porque nadie se juzga a sí mismo con los mismos criterios que cuando era joven, y no digamos que cuando era niño, o adolescente –entonces aún no hay juicios- Hay capas de nuestro ser, una encima de las otras, que nos dan visiones diferentes del mundo, y que nos condicionan en nuestras apreciaciones de los hechos. Paseo por Ciutat y me encuentro con detalles que parecen escurridizos y que me convierten en observador y también en observado: las esculturas de Tomás Vila, los músicos callejeros, los acordeonistas que nos transmiten el sabor de la crisis con su música melancólica, las mujeres de negro sentadas en el suelo con la mano tendida, todo lo que nos concierne como ciudadanos, parece que forma parte de un entramado circunstancial que puede acabar en cualquier momento y ser sustituido por otro, como si el mundo se agitara y de esa agitación surgieran nuevos productos desconocidos, solamente entrevistos en la imaginación más viva. Delante de la iglesia de Sant Miquel, sentado en un banco individual, hay un hombre de facciones nobles, mayor pero aún no viejo, que forma un cuadro vital con la Pagesa de Tomás Vila, como si la escultura no fuera sólo de piedra y nos transmitiera, por la cercanía humana, un hálito de existencia. Todos vivimos en este escenario, y en cada movimiento extraemos algo que nos empuja a seguir en el camino de la experimentación vital. Nubes blancas atraviesan el cielo, y en este viaje de la naturaleza hay un sentimiento humano de flexibilidad, o de belleza.

     

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