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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 11
    Septiembre
    2013

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    Ricardo Zamora / Iríbar

    La primera vez que fui al fútbol con mi padre nos colocamos en el Gol Sur, y muy cerca de nosotros estaba Ricardo Zamora, el hijo del mítico portero, de pie, sereno y muy tranquilo. Con su figura de guardián implacable era lógico que la afición le venerara: comunicaba confianza, tanto a los espectadores como a sus defensas: Arqué, Bolao, Guillamón, Doro. De su padre, el mítico Zamora, yo sólo tenía referencias por lo que me había contado mi vecino Marçal, que tenía su taller de zapatero al lado de mi casa, y que me había enseñado una fotografía en la que aparecía tocado con un gorrito, junto con los integrantes de la selección española. Pero el día en que fui con mi padre por primera vez al fútbol el único Zamora era el que tenía a unos metros del Gol Sur, alto, fornido, casi elegante. Defendía la portería como si fuera un general, y yo lo miraba como sólo se mira a los héroes. ¿Quién podía marcarnos un gol si Ricardo Zamora era el portero? Durante el partido mi padre me tenía que levantar y tenerme en brazos, porque yo era un niño oculto entre la multitud, y mi cabeza sólo llegaba a los hombros de los que tenía delante de mí, y no podía ver nada, así que mi padre, sin que yo me apercibiera de su esfuerzo,  sudó y sudó  para que yo pudiera meter la cabeza entre la gente. De lo demás sólo recuerdo el resultado, una victoria cómoda del Mallorca por tres a cero. El contrincante era el Elche, que era un equipo que siempre me cayó muy bien, porque me gustaba el nombre, las dos e con las tres consonantes, una fonética fácil y graciosa, y además su uniforme: blanco y verde, que rima con elche. Debió de ser un partido fácil, y desde luego Zamora casi no se tuvo que emplear a fondo. Se me ha venido a la cabeza todo esto de manera involuntaria, por analogía, debido a que hoy he visto en un un periódico la famosa foto que le hizo Raúl Cancio al gran portero Iríbar, que fue mi ídolo durante buena parte de mi adolescencia y primera juventud. Es una fotografía muy buena, en la que si disponemos de una buena lupa se pueden ver con precisión los rasgos de la cara de varios cientos de espectadores del viejo Estadio de San Mamés. Ya no existen los dos estadios. San Mamés ha sido derribado hace poco para construir uno nuevo en su lugar, mientras que el Lluís Sitjar sigue ahí, en su sitio, sometido a un proceso de degradación que da vergüenza. Ricardo Zamora murió no hace mucho, en Madrid;  Iríbar, a pesar del tiempo transcurrido, aún es aquel portero alto, enjuto, de pocas palabras, adorado incondicionalmente por todos los aficionados del Atlétic de Bilbao.

     

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