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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 23
    Marzo
    2013

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    Quién sabe lo que hace falta para vivir

    Uno puede sentir que todo se desvanece, que lo que valía hace diecisiete años ahora ya no vale, pero lo que permanece es lo esencial, una consecuencia de la experiencia. Constatar que siempre se puede recibir y dar a la vez, o secuencialmente: recibimos después de dar, y damos después de recibir. Lo bello se desvanece cuando la ciudad es mucho más que una fotografía: Auggie busca algo que va más allá de sí mismo, y la fotografía diaria es el vínculo con la verdad de su vida: el acercamiento a la gente, lo que hay que buscar más allá de uno mismo para advertir que cada mañana hay que redescubrirse a través de los demás. Los demás son el camino para llegar a uno mismo, la belleza no está en ningún sitio, y no es más que un sucedáneo de la exigencia personal de seguir hacia adelante con firmeza (1). Paul y Auggie son dos personas de un siglo que se acaba, pero también son dos personas de un siglo que está a punto de empezar. La película no se desvanece, parece tan de actualidad como cuando se estrenó. Sólo nosotros cambiamos, y podemos pensar erróneamente que lo que envejece es una imagen, y otra, y otra. Pero no es así, percibimos lo que se desvanece tan sólo cuando lo que imaginábamos deja de ser posible en nuestra mente, y entonces sentimos una pérdida. Lo que había que defender sigue siendo defendible, no lo olvidemos. La amistad es importante, quizás lo que sobresale entre tanto devenir apático: la crisis, el horizonte de una incertidumbre. Cuando leí a Paul Auster hace diez años –pero sólo un par de libros, y quizás cuando aún yo no había aprendido casi nada- pensé que sus historias me acompañaban, como cuando uno se dispone a leer para aprender, pero ahora, después de ver Smoke, me he alegrado de no haberla visto cuando se estrenó, porque aún no había cruzado la línea del empiece, ese momento difuso que no podemos precisar y en el que dejamos de aprender para empezar a pensar.

                                       

    (1) Algo que no podemos conocer entorpece nuestros actos: un despiste puede provocar una sucesión de acontecimientos imprevistos, que no se hubieran producido si, por ejemplo, Paul hubiera sido más prudente al cruzar la calle. No puedo entender del todo lo que hago, pero prefiero ser consciente de ello: las circunstancias son algo así como vivir a la intemperie. En Smoke hay una insistencia en el azar como fuente de responsabilidad. Salimos de los límites de nuestra piel porque somos emocionalmente seres sociales: en los demás está en buena parte lo que no poseemos. No cosas, sino solidaridad, generosidad: una existencia que se sostiene en los demás, más que en nosotros mismos. Cuántas exigencias hay que tener en cuenta para poder avanzar con alguna certeza. Ahora recuerdo que en un viaje a Nueva York, hace cuatro años, desde un autobús, vi el edificio que cita Paul Auster en uno de sus libros -pero tendría que ir a mi desordenada biblioteca para rememorar el título del libro, y la dirección del edificio.

    Motivo: Smoke, de Paul Auster

     

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