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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 13
    Diciembre
    2012

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    Puertas abiertas

    Voy andando al taller a recoger mi coche. El trayecto siempre puede ofrecer sorpresas, así que voy a intentar aprovechar los tres cuartos de hora que tardaré en llegar. Desde Son Cotoner el aspecto de Ciutat es un destartalado proyecto de ciudad que se agota en sí mismo. Lo mejor es el cielo, que se ofrece desde la Serra de Tramuntana como el contrapunto del desorden. Las jacarandas de la acera ofrecen su porte más transparente. Son árboles que no veremos de verdad hasta que florezcan en la próxima primavera. Por la otra acera un hombre empuja una carretilla, y encima de una farola hay dos gaviotas. Al llegar a la rotonda no miro Sa Riera, sino el campamento improvisado en donde la miseria acumula algunas verdades que no debemos olvidar. Decido subir bordeando el cementerio con la intención de huir del ruido de los coches. Sobre la tapia hay unas hierbas y una pequeña cúpula, pero sobre todo nubes blancas estáticas que dan belleza a esta pequeña ciudad de los recuerdos. Hay una puerta abierta, a través de la cual veo un territorio de cruces y fotografías. Me fijo en la fotografía de un hombre que murió a los 32 años, y cuyo nombre, Jaime Juan, me resulta familiar. Por detrás, al fondo, retazos de Ciutat que se disuelven, Son Moix y las montañas. Hay árboles, macetas, flores mustias. A la derecha aparece a media distancia el velódromo innecesario rodeado de hierbajos. Miro a través de la alambrada oxidada, que no es más que una guinda pobre para tanto dinero inútil. Ahora camino entre dos tapias altas. Por encima de la de la derecha hay árboles que no anuncian el otoño, y unos metros más adelante el cementerio me ofrece otra puerta abierta. Hay un ciprés, unos contenedores, y unas lápidas sin restos de flores que me llaman la atención. Leo algunas: In loving memory of Major John Theodore Harley; Aage Moldrup (1906-1961); Edmund Harmon Wright (Philadelphia 1895-Palma 1962); Mildred Lancaster Wright (New York 1897-Palma 1964). Debo seguir porque se me hace tarde. Cerca de Carrefour, en el cruce con General Riera, hay un grupo de hombres que agotan su tiempo sentados en el suelo, a espaldas de un futuro digno, agotados por la crisis y por su dura realidad. Cuando caminas por la ciudad, hay que mirarlo todo, porque lo que se nos ofrece existe en cada uno de nosotros, infatigablemente.

     

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