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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 07
    Agosto
    2013

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    Para intentar entender la Guerra Civil

    Javier Reverte y Jordi Gracia hablan de las novelas que tratan de la Guerra Civil, y sus comentarios avivan imágenes que yo recuerdo de mi infancia: Es Villanet, la antigua Casa del Pueblo derruida, en la que jugamos los niños del pueblo en los años cuarenta, cincuenta y sesenta, y el pasadizo subterráneo en donde la generación de mis abuelos y de mis padres se refugiaban de los ocasionales bombardeos. Y, sobre todo, recuerdo el silencio, aunque no recuerdo el silencio de entonces, sino el que logré identificar años después, cuando me fui a estudiar a Barcelona. ¿Qué es eso del silencio de la postguerra? ¿Cómo es posible que hubiera tanto silencio? ¿El miedo puede actuar de manera tan radical que hasta es capaz de borrar las palabras? Se ve que sí. Se ve que no hay nada más paralizante que el miedo, y entonces todo se pierde en la oscuridad: no se pronuncia palabra alguna, y los pensamientos se quedan agazapados y al final acaban por fundirse en la nada. Y hasta después no me enteré de la existencia de Can Mir, y de otras incógnitas que se fueron resolviendo poco a poco a lo largo de los años de la transición, aunque no sé si la transición en este aspecto ha terminado, o continúa aún, debido a alguna circunstancia atenazada por un miedo residual. Hay una novela de Antoni Lluc, que se titula Dies d’ira a l’illa, que sin hablar de la guerra no hace más que hablar de la guerra, la ira de los perdedores que se tuvieron que callar, y que un niño captaba con una inteligencia de isleño agazapado en su madriguera. Hay algo en la ficción que nos ilumina las zonas más oscuras, aquellas en las que no penetra la crónica periodística o la investigación histórica, y es verdad, como dice Jordi Gracia, que los que tenemos alrededor de sesenta años hemos vivido la experiencia de la memoria de la guerra como si hubiera habido guerras diferentes, y que la interpretación depende del momento en que se escribe un texto. E incluso, añado yo, del instante en que lo leemos. Y no sólo en la literatura percibimos las estelas de la guerra. También en el cine. ¿No hay en El espíritu de la colmena una atmósfera que delata el terror, el miedo, la desolación de la derrota? No hace falta nombrar las cosas para referirse a ellas con precisión. Después de la conversación, regreso desde Pollença a Ciutat con un calor agobiante, que no puedo atenuar porque a mi coche se le estropeó el mecanismo del aire acondicionado. Así que he de bajar las ventanillas y dejar que el aire caliente me dé en la cara y en los brazos: Así capto lo esencial del aire de verano, que es una tibieza ejemplar, dulcísima. La autovía es una carretera que te permite conducir relajado, y me aprovecho de ello para poder discurrir mentalmente acerca de la vida vivida y de la vida que aún he de vivir. Así lo espero, siempre que Dios lo quiera, como diría mi madre. 

    Motivo: Conversación entre Javier Reverte y Jordi Gracia. Pollença.

     

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