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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 27
    Enero
    2016

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    Ciutat

    Palma Fotográfica (II)

    Pero Ciutat también es un refugio, no sólo el escenario de una huida. A veces pienso que en las escasas tabernas que aún quedan (el Bosch, Ca'n Joan de S'Aigo, Ca S'Andritxol, el Central) los parroquianos se dedican a demostrar que seguimos ahí, y que la búsqueda de un interlocutor es lo que nos mueve a acudir a tomar un café. Fotografiar es también una búsqueda de interlocutores silenciosos que puedan compartir nuestra manera de mirar.

    Dos participantes me preguntan cómo se puede ir a El Terreno. Ella conoce vagamente el barrio, y su situación, pero él no. Se marchan muy deprisa, impulsados por una necesidad de llegar cuanto antes, y porque son concientes de que hay que currárselo, como le dice ella a él. Me gusta esta juventud que merece un horizonte lleno de cosas que hacer.

    Bueno, de momento estoy en el Bar Bosch, en el ala reformada. He comprado el periódico y me dejo llevar por lo que me interesa. Los domingos el pensamiento de El Roto es más difuso, y no encuentro la crónica de Natalia Sancha sobre el conflicto de Siria. Lo cuenta con una precisión de gran periodista. Además, ella misma es la autora de algunas de las fotografías que ilustran sus crónicas. No se puede fotografiar sin entender aquello que se fotografía. Me gusta fotografiar Ciutat porque la conozco de andar por ella casi todos los días. No me preocupan los asuntos, sólo la mirada dejándose llevar por lo que surge al azar, pero con la atención puesta en lo que de alguna manera no supone tan sólo reflejar lo que hay delante de uno, sino aquello que somos con el tiempo, la consecuencia de haber vivido. Al fotografiar algo nos fotografiamos a nosotros mismos, porque cada toma es una mirada a lo que nos conmueve. Anna se ha quejado recientemente de mis fotografías. ¡Cambia de una vez, que te repites!, me ha dicho en los últimos meses, cansada de las imágenes deprimentes a las que la tengo acostumbrada. 

    Detrás de mí, un señor tose y tose sin parar. Le dice al camarero que ha estado ingresado en el hospital durante varias semanas. Salimos los dos a la vez, y en la calle el aire es freco y dulce.  No veo nada que me interese. Ciutat está escondida aún, como si no se atreviera a mostrarse. Hay parejas de turistas de mi edad, que buscan con el mapa en la mano, con la atención dispuesta a encontrar algo. Lo más extraño, lo que siempre me acongoja de Ciutat, es la poca presencia de los ciudadanos maduros, los de 50 años o más. Dónde están, por qué no salen a la calle. En el Bosch o en Can Joan de S'Aigo las caras de los lectores de periódico que toman café son más o menos las mismas. Y yo soy uno de ellos. Mi viejo amigo Rafael se fue muy pronto y cada vez que entro en Can Joan de S'Aigo me siento huérfano de sus vibrantes conversaciones sobre libros, sobre películas de cine, sobre el futuro de nuestros hijos. Me subo al autobús hacia la Plaza Gomila.

     

     

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