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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 01
    Febrero
    2013

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    Ordenar el caos

    Contemplo una selección de los trabajos presentados al premio Antoni Gelabert. Uno solo de ellos, completamente aislado, no me comunicaría nada, pero al entrar en contacto con los otros quizás irradien algún significado. La obra ganadora se titula La línea del tiempo. Una locomotora va sobre un raíl que bordea una línea de edificios, como si el mundo fuese un escenario o una línea continua en la que todo se repite. No sé si lo que veo tiene relación con alguna ciudad concreta, o si así se expresa algo esencial del mundo. Quisiera descubrirlo, pero soy incapaz de hacerlo. Después, observo un parterre con flores, un cortometraje sobre un desierto, una fotografía grande de un bosque con dos rectángulos blancos que tapan una parte de la imagen. Quiero ser prudente: al sentir indiferencia ante lo que tengo delante de mí quizás estoy expresando mi completo desconocimiento sobre el arte contemporáneo, pero pienso que a la vez debo de estar prevenido para saborear sólo lo que me gusta o me induce a pensar. Es decir: quizás esté mostrando mi incapacidad para valorar lo que veo, pero cuando se me ofrece un objeto revestido con el supuesto barniz del arte me gusta que me emocione, que me atraiga y que me remueva la conciencia para despertarla de su letargo cotidiano, porque admiro mucho el esfuerzo de los artistas que luchan para sacar de sí mismos un esbozo de lucha interior o de ensimismamiento, esta permanente acción y reacción entre el alma individual y su entorno. Intento buscar en la planta noble algo de claridad, pero choco otra vez con un muro: no sé si lo expuesto tiene algún nexo de unión que enlace los sueños de los trabajadores cubanos que se duermen en el trabajo con las dificultades de un joven (también cubano) para conseguir su pasaporte o con las fotografías de Ciutat. Me encuentro como antes, así que decido salir a la calle para sumergirme en la realidad. Quizás lo real tiene un contenido que se puede abarcar con el entendimiento, aunque haya tantas incertidumbres. Hay gente sentada plácidamente en algunas terrazas, leyendo el periódico o conversando, pero son evidentes algunos signos de resignación o de imposibilidad más allá de la resignación: la mujer que vive en la plaza lee el periódico, a los pies de un cajero automático hay unos cartones que habrán servido de cobijo a alguien durante la noche, y debajo de los soportales hay un acordeonista que pone música a todo esta amalgama. Pero por lo menos es mi ciudad, y con ella mantengo un intercambio de aromas, de gozos o de tristezas, o quizás de simple información. Se escucha la música del acordeón a medida que me alejo del centro, y luego se queda en mi interior, agazapada, y me doy cuenta de que esta música de acordeón recorre Ciutat como si fuera el reclamo sentimental del que se nutren nuestros corazones, continuamente.

     Motivo: Casal Solleric: Exposición de las obras seleccionadas para el Premio Antoni Gelabert

     

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