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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 15
    Julio
    2015

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    Juan Antonio Bardem Aranda de Duero Peñafiel Roa

    Nunca pasa nada

    Acabo de ver en la 2 la película Nunca pasa nada, de Juan Antonio Bardem, con ese blanco y negro expresivo de otras películas suyas, como Calle Mayor, que se nos ha quedado en la memoria como el blanco y negro de la posguerra, aunque en los años sesenta ya se empezaban a vislumbrar algunos cambios. Conozco muy bien los exteriores, Aranda de Duero, el castillo de Peñafiel, los alrededores de Fuentecén y Haza, un paisaje en el que se concentra en buena parte la síntesis literaria de lo que era entonces España, quizás por la desnudez del paisaje de Castilla la Vieja, que es como se la llamaba en los libros de geografía que estudiábamos. La N-I pasaba por Aranda, lo que convertía a la población en el lugar de paso de multitud de camiones que iban y venían entre Bilbao y Madrid. Un lugar de paso es un cruce de miradas y de encuentros imprevistos: Aranda ha sido siempre un cruce de caminos, y esto sugiere vida imaginada más allá de su ambiente cerrado, aunque no más que el de otros pueblos y ciudades de la época. El cine nos somete a esas curiosas experiencias de reencuentros con lugares en los que hemos vivido y saboreado instantes decisivos, y que se concentran de una manera muy profunda en nuestro interior, como si al bucear en ellos el sentido de lo recordado cobrara forma de pronto gracias a la ficción. Claro está que el cine de Bardem dista mucho de alejarnos de la realidad -si es que la ficción nos aleja: quizás tan sólo la representa como si una historia narrada como imaginaria sirviera aún más que una crónica para hacernos entender el mundo- porque nos la acerca con una lupa a través de la cual vemos cómo era el país y cómo se ha transformado desde aquel tiempo que parece tan alejado del de ahora mismo. ¿Tan alejado? Habría que precisar un poco más en qué consisten las diferencias, y si los cambios de la superficie son cambios en profundidad. Lo curioso es que el gran cine no envejece, por mucho que el asunto de que trate nos parezca pasado de moda. El cine de Bardem, con sus claroscuros de riguroso montaje, con esas imágenes que por sí solas se nos aparecen como si el paisaje hablara, y los actores fuesen de verdad personajes vividos, es de una dureza que no se queda a medias sino que nos interpela, obligándonos a tomar partido por un pasado que parece alejarse y que sin embargo nos sirve para explicar el presente.  

     

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