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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 26
    Mayo
    2013

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    Música nocturna en la distancia

    Ayer por la tarde, en Ciutat, tuve la impresión de estar caminando por una ciudad desconocida. Quizás fue la primera tarde primaveral en que el buen tiempo se adueñó de la atmósfera, y todo se sometía a esa sensación de placidez que hay en estos días en que aún no hace calor pero se presagia, un leve paréntesis de suavidad ambiental que le empuja a uno a buscar en las calles el placer de olvidarse de casi todo lo que nos acecha durante la semana. Un grupo de gente esperaba delante del Ayuntamiento, sin duda los invitados a una boda, y unos minutos después vimos también a otro grupo de gente en actitud parecida en la escalera de la iglesia de Santa Eulalia. Así que ayer debió de ser el estallido de las bodas en Ciutat, como si el buen tiempo hubiera sido vaticinado por un meteorólogo eficiente y sabio. Mi hija y yo caminamos impulsados por la sensación de habernos convertido de golpe en exploradores, sintiéndonos extrañamente viajeros en nuestra propia ciudad, como si acabáramos de llegar de otro lugar, lo cual era cierto para ella, porque ha venido a pasar el fin de semana desde Madrid, pero no en mi caso, aunque yo lo sintiera, impulsado seguramente  por el hecho de que fuera ella la que lo observara todo con mirada de descubridora. En Madrid parece que nos empujamos unos a otros para llegar cuanto antes a nuestro destino de todos los días, como si hubiera una confabulación firmada secretamente para poder cumplir unos ritos de rapidez que aquí, nada más llegar, me dice, parece que se han disipado. Al final de la tarde, cuando llegan los vencejos al cielo de Sa Costa de Sa Pols, acabamos sentados a una mesa de Babel, rodeados de libros,  y contemplando a través del ventanal el paso de la gente que camina a pocos metros de iglesia de San Miguel, cuya fachada es un palimpsesto, porque parece que en ella se han depositado las huellas de todas las épocas pasadas. Después, al llegar a casa, una luna bellísima se había apoderado del cielo, y nos iluminaba ‘como una música nocturna perdida en la distancia’.  

    Nota.- ‘como una música nocturna perdida en la distancia’ (último verso del poema Voces, de Konstantino Kavafis)

     

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