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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 28
    Septiembre
    2013

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    Mi(s) Ciudad(es)

    Mi Ciudad es Ciutat porque es el lugar en donde vivo, pero también lo es Madrid, en la que he vivido durante el tiempo suficiente para que haya llegado a formar parte de mi acervo sentimental. El lugar en donde nacen los hijos convierte nuestra identidad inicial –soy mallorquín- en algo más complejo. Y todo lo que aprendemos y nos alimenta nos hace crecer por dentro, de tal forma que la definición inicial se queda corta, y hay que añadir más adjetivos, en una sucesión temporal de atributos que nos convierte en los seres humanos que llegamos a ser en la madurez. Casi siempre es el azar quien dirige las decisiones que consideramos conscientes, y más cuando hemos dejado la casa de los padres y nos adentramos en un territorio desconocido que exploramos sin saber muy bien lo que nos vamos a encontrar a la vuelta de la esquina. Pero casi siempre habrá merecido la pena. Yo llego a Barajas y cojo el metro y voy a la casa de mis hijas como si regresara a un lugar del que nunca me he acabado de ir del todo. Y unos días después me resultan familiares la carnicería y la frutería  donde me atienden como si fuese un parroquiano de siempre, y Miguel y Candelas me invitan a café en su casa con vistas al parque de Altamira, y me cito con Manolo en el bar de La Central para continuar la conversación que empezamos hace treinta años, más o menos. Es cierto que me acongoja constatar la desaparición de tantos establecimientos y lugares queridos, pero cualquier ciudad es el escenario del cambio continuo en que se ha convertido el mundo contemporáneo.  Sí, todo cambia, pero somos partícipes de lo que permanece: es cierto que nadie se baña dos veces en el mismo río, pero cada uno de nosotros avanza por el cauce del río, y vamos viendo los cambios del paisaje que nos rodea, que a la vez es testigo de lo que nos ocurre a nosotros mismos. El vendedor del quiosco es el mismo desde hace décadas, y cuando me alarga el brazo con el periódico en la mano siento que de alguna forma nos abrazamos como dos seres casi desconocidos que envejeceremos paralelamente. En la experiencia hay un poso de sabiduría que no se puede racionalizar pero que está ahí, a nuestro alcance, y hacemos uso de ella para comunicar a nuestro hijos lo que -poco o mucho- hemos ido aprendiendo. Vivir es dejarse llevar por la certidumbre de que avanzamos por un camino en el que se combinan el determinimo y la libertad. Nadie, a mi entender, puede considerarse ciudadano del mundo sin caer en una exageración, pero querer dos ciudades y sentirlas interiormente como propias es una experiencia que enriquece y alimenta plenamente

     

     

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