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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 10
    Septiembre
    2015

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    Fotografía

    Madrid y la fotógrafa Vivian Maier

    Camino por Madrid con la seguridad de que voy a encontrar algo que me guste. En el Parque de Altamira hay árboles que crecen desde que yo era joven, y las sendas han ido acumulando las arrugas provocadas por la lluvia. Compro tomates verdes para freírlos como en la película Tomates verdes fritos, y la vendedora tiene la voz afectuosa de algún recuerdo imborrable. Madrid es una ciudad llena de pequeños establecimientos en los que te sientes parroquiano, no cliente. El carnicero de la Plaza Mondáriz vende el mejor solomillo de ternera que he comido en mi vida, pero él apenas le da importancia. No le hace falta, porque todos sabemos que lo que vende es de gran calidad. Su ayudante habla con Miguel de cualquier asunto que se tercie: de física cuántica, de arte, de fútbol. En Madrid la gente habla de todo. En Madrid disfruto de la conversación con mi amigo Manolo, que sabe sintetizar la actualidad con una lucidez que siempre echo en falta en las tertulias de televisión. ¿En qué se diferencia la derecha de la izquierda, a pesar de que es muy difícil deslindarlas? En su manera de relacionar el desorden y la injusticia. Vivian Maier caminaba por Nueva York y fotografiaba lo que llamaba la atención. No buscaba la belleza, sino la realidad que lo explica todo si aprendemos a mirarla. Ayer se inauguró una exposición que incluye una selección de su trabajo de décadas en la calle Libertad y ha sido una pena que haya coincidido con mi regreso. Desde que se supo de la existencia de esta gran fotógrafa norteamericana, que dejó sus carretes sin revelar en una maleta, he consultado sus fotografías por internet, pero no hay nada comparable con la visión de las fotografías en el silencio de la sala de exposiciones, la mirada del espectador que parece que ha de atravesar la imagen para poder saborearla. Hay signos de identidad en las ciudades, porque cada ciudad es diferente: la forma de caminar de la gente, los escaparates, el ambiente de las terrazas, son detalles de personalidad que forman parte de lo que constituye la vida. Pero a veces atisbamos la certeza de que hay algo que nos iguala: a pesar de la sofistificación de la vida en Nueva York, en comparación con mi infancia en los años cincuenta y sesenta, los juegos de los niños se rigen por el mismo deseo de disfrute a espaldas del tiempo.  ¿Cuándo empezamos a recordar? Los recuerdos relacionados con una ciudad en la que hemos vivido son de una naturaleza casi carnal. Queremos agarrar lo que había en la esquina de allí, pero ya no está lo que buscamos. El Bar La Calesera, el Café Lyon...Sin embargo sigue ahí la Pensión Apolo XI, en la calle de Espoz y MIna. Vivian Maier fotografió Nueva York. Ojalá hubiera forografiado Madrid, o Palma. Yo sigo caminando, y me dejo llevar por las calles y los símbolos más o menos visibles, esa especie de fulgor que se desvanece. Cuando llego a la Glorieta de Bilbao no me puedo creer que el Café Comercial ya no esté. Su vacío es aún más profundo cuando veo el rótulo sobre la puerta de entrada. Me imagino al profesor Enrique Tierno Galván después de desayunar, con su libreta y su lápiz, anotando los desperfectos que iba descubriendo de camino a su despacho en el Ayuntamiento.

     

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