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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 26
    Enero
    2013

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    Los fugitivos del capitalismo

    Desde la ventanilla del autobús veo que dos chicos corren a toda velocidad por las Avenidas. Un niño le dice a su madre: ‘Mamá, acabo de ver a dos ladrones que corren por la calle después de robar a una mujer’. Lo que vemos se ha de poner entre paréntesis, por si acaso, pero el niño atisba los sucesos y sabe interpretar los códigos de la calle. Algún día la verdad le rebotará en el cuerpo y en el alma, como si la viera escrita en los letreros luminosos del atardecer, pero ahora ya es capaz de relatar los hechos. Imploramos un cambio; deseamos un cambio; queremos cambiar los hechos que vienen a continuación de las palabras, pero un niño nos delata con su habilidad para captar lo que ocurre a su alrededor. Y su relato carece de connotaciones morales: es sólo un relato muy corto y preciso. Mientras, nosotros, los mayores, buscamos el significado y sin embargo nos quedamos a expensas de los que controlan el mundo a sus anchas. Con su mínima experiencia, el niño ya sabía que los chicos corrían para huir. Ha hecho una observación que implica un conocimiento muy extraño. Aún no hay malestar en sus palabras, tan sólo la constatación de un hecho. Un niño puede acabar reconociendo los efectos de la crisis y deducir que la moral de nuestra sociedad consiste en correr. Lo han hecho algunos banqueros corruptos; algunos políticos corruptos. La huida. En nuestro malestar hay implícita una condena que está envuelta en la incapacidad de maniobra de los ciudadanos.  La crisis agudiza el abismo entre unos y otros, y el futuro tiene signos de duro lamento. Qué dirán estos jóvenes que corren, pobres ladrones, al llegar a mayores. Qué dirá este niño que lo ha visto todo, con más precisión que yo; qué guardarán sus ojos, y su memoria, de esta experiencia.  Salimos de casa  y al llegar a la calle vemos lo que ya sabíamos pero que a veces queremos olvidar: que la  vida real se compone de gestos huraños. Un niño ve la desesperanza desnuda, y todo el proyecto educativo se tambalea, y sus ojos se rasgan en los aledaños de la razón que intenta reconocer el mundo. Lo que observamos tiene colores desconocidos, y parecemos indefensos seres perdidos en su propia ciudad, que se diluye en la nada, desordenadamente.   

     

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