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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 25
    Octubre
    2015

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    Madrid

    Lo que vale la pena en una ciudad

    En Madrid siempre ha habido una gran facilidad de comunicación. El taxista te cuenta que lleva treinta años en el oficio, y si el viaje fuese más largo su vida entera podría haber sido el asunto de la charla; el vendedor del cupón de la ONCE me dice que es de San Sebastián de los Reyes, y me desea suerte de manera cariñosa; el del quiosco, que está al lado de la boca de metro, me reconoce siempre que nos vemos, quizás porque cada uno de nosotros actúa como un espejo en el que el otro se ve.

    Por la mañana, tomar café en un bar del barrio de El Pilar es una comprobación de lo mucho que se conversa en Madrid. El de la pescadería está con su café con leche en la mano mientras habla con varios parroquianos, no sólo de pescado sino de todo aquello que se tercie. Conversar es una forma de vivir, una manera de sobrellevar las desdichas y de compartir las alegrías. La conversación es un tipo de narración que nos sitúa en el mundo en un lugar en el que nos reconocemos.

    Voy a la pescadería y compro dos calamares y un cuarto de quilo de boquerones. Me guardarán la compra hasta el mediodía, porque ahora me voy a ir al centro en el 147, un recorrido agradable por buena parte del centro de la ciudad que permite ver casi con detalle las calles bien alineadas, el necesario recuerdo de otros tiempos en que la experiencia aún no nos hacía pensar en la ciudad como escenario de la vida.

    Pero ahora, en la madurez, nos damos cuenta de que en la ciudad está nuestro sentido de pertenencia al mundo. La ciudad es el lugar de encuentro de las sociedades contemporáneas, en donde la sociabilidad de las personas alcanza su mayor realización. Se puede aspirar a la soledad buscada libremente, pero la ciudad nos ayuda a no dejarnos llevar por la desidia, o por el desconsuelo. La aspiración de las personas humanas es sentirse acompañadas, esa aspiración de los seres humanos.

    De regreso, en el metro, la concentración de personas diferentes parece una manera sencilla de comprender las afinidades y las diferencias. Hay gente que lee el periódico, pero hay mucha más que juguetea con su teléfono móvil. En este asunto, vayas donde vayas, hay una absurda uniformidad.

     

     

     

     

     

     

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