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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 01
    Mayo
    2016

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    Ciutat

    Lo anónimo

    Lo que está an las afueras de las ciudades nos sugiere lo que hay que hacer para no perderse. No son tan sólo lugares de huida, de llegar y marcharse cuanto antes. Son lugares en que nos sentimos contemporáneos, sujetos que viven experiencias inimaginables varias décadas atrás. De pequeño, iba a visitar a mis tíos, aparceros en una finca situada muy cerca de Son Bonet. Los aviones eran una forma de viajar muy moderna, y a la vez casi familiar: a corta distancia de donde mi tío tenía sus vacas y su naranjal aterrizaban los aviones. Alguien decía, en el bar: hoy ha llegado fulano de tal. Una vez, Grace de Mónaco. Otra, Winston Churchill. La experiencia de lo extraordinario era una excentricidad controlada por lo cotidiano. Se seguía haciendo lo que hacíamos y la vida no había sufrido alteraciones considerables. Pero se produjo el punto de inflexión y ahora todo sucede en los bordes de la propia experiencia. Forma parte de aquello que no se puede tocar. Es casi irreal. Qué más da que nosotros estemos o no. El hombre que cruza la calle en un polígono industrial al atardecer, los alrededores desiertos a pesar de los coches. Un solar abandonado que está vallado y que no se parece a lo que era antes, porque las vallas le han borrado sus señas. Los aspectos más destacables de lo que ahora es una ciudad son los que se derivan de su anonimato. Somos seres anónimos en un mundo en el que sólo se puede ser de manera cambiante. Lo que está en las afueras nos somete a un escrutinio de cosas que hacemos sin que sea necesario recordarlas. Y ahí está el esfuerzo que hay que hacer para no perderse: reconocerse en estos lugares sin nombre, no dejar que lo anónimo nos atrape. Ahora recuerdo el taconeo de una azafata, ayer a media noche, en la terminal de salidas del aeropuerto. Mientras, se abrió la puerta del ascensor, y le pregunté a una mujer. Me dijo que venía de Berlín. No había venido en el avión en el que viajaba mi hija, pero me permitió recordar un viaje en bicicleta por la capital alemana, hace unos años. La mente nos cita con el azar. La experiencia de lo contemporáneo está trenzada de pequeños hechos imprevisibles que nos convierten en lo que vamos siendo sucesivamente.

      

     

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