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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 15
    Marzo
    2013

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    Las ruinas de la nostalgia

    Veo a mi derecha el velódromo del Tirador, un cuerpo inerte que se desintegra lentamente sometido a los rigores de la intemperie. Y sin embargo se resiste a desaparecer, y cuando lo miramos nos damos cuenta de que transmite retazos de arquitectura noble y sencilla, cualidades ajenas a las obras suntuosas que ahora se estilan. Las tribunas son de una desnudez extrema, y el diseño parece sugerido para responder a una utilidad reducida a lo más esencial, sin un solo añadido estrafalario. Más que un velódromo, después de décadas de abandono, parece un fósil que alguna civilización muy antigua nos legó, y que sirve para conocer las costumbres de nuestros antepasados. Y es posible que yo empiece a ser un antepasado, o un antepasado de mí mismo, porque fui testigo de que este velódromo se utilizó hasta mediados de la década de los sesenta. Una vez mi padre y yo vinimos del pueblo para presenciar unas pruebas en las que participaban Guillermo Timoner, Luis Ocaña, Ramón Sáez y otros. Me maravillaba que los ciclistas no se deslizaran hacia abajo con más facilidad, desconocedor aún de la eficacia del peralte y de la aceleración normal del movimiento circular. Timoner era para mi padre un corredor incontestable, el mejor sin ninguna duda. En Sa Cabaneta, los aficionados al ciclismo, que eran muchos, decían que se entrenaba por las carreteras del centro de la isla detrás de un coche conducido por su mujer. Aún ahora me parece dificilísimo que un ciclista pueda correr tanto tras una moto, y que pueda alcanzar velocidades de casi cien quilómetros por hora, pero más difícil debía de ser conseguirlo sobre una pista de cemento que sobre las pistas de los modernos velódromos, construidas con materiales que ofrecen menos rozamiento. Dejo atrás el velódromo y entro en el Parc de Sa Riera, y a la izquierda está el esqueleto del viejo Estadio Lluís Sitjar, completamente vallado para que no pueda entrar nadie. Las tribunas se están resquebrajando, las ventanillas de las taquillas se han tapiado, y los grafitis parecen la única vía de comunicación con el presente. Ciutat suele ser así: se abandona lo viejo con la vana presunción de que se olvide, pero sólo se consigue avivar la polémica, aunque ésta luego también decaiga. Así que lo único que perdura a la vista del observador es el abandono. Nuestros administradores municipales deberían conocer Escocia, en donde se respetan las ruinas de los templos derruidos, que con un leve trabajo de mantenimiento sabiamente realizado se quedan ahí, expuestos al tiempo y a la mirada de los ciudadanos. El velódromo del Tirador es una pieza de alfarería que señala detalles del pasado, algo así como un museo de recuerdos personales que si empiezan a relatarse se convierten en parte de la memoria colectiva de Ciutat. Merece ser conservado, a mi entender. El Estadio Lluís Sitjar es otra cosa: o se construye un nuevo estadio sobre sus cenizas o se derriba, pero en este caso quizás se podría dejar una pequeña parte de él expuesta a la curiosidad de los ciudadanos, como si fuese una escultura, un resto de tiempo fosilizado con una placa conmemorativa como ésta: Aquí el Real Mallorca derrotó al Real Madrid por cinco a dos, en diciembre de 1961. O esta otra: Aquí el Real Mallorca derrotó al Arsenal de Londres en la Copa de Europa, por uno a cero, en septiembre de 2001. Para algunas instituciones deportivas estos hechos concretos no tienen más trascendencia que dos victorias más. Pero para nosotros fueron hitos legendarios que avivan la nostalgia que hemos almacenado, pudorosamente.

     

     

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