Blog 
Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
RSS - Blog de M Angel Moyà Juan

El autor

Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


Archivo

  • 14
    Enero
    2016

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Ciutat

    Las naranjas de aquellos años

    Bajamos al mar desde las Avenidas, después de ir a los Juzgados a gestionar una fe de vida. S. va a cumplir 91 años dentro de poco, y cada vez que pasamos por una calle hay un recuerdo que surge de algún recoveco de su memoria. La calle Socors es la calle de un bombardeo durante la Guerra Civil. Corríamos todos hacia un refugio, aquel día mi madre y yo. El sonido de una bomba y la presión del viento: como si lo estuviera viviendo. Me lo ha contado otras veces, y cada vez hay matices nuevos, como si un recuerdo nunca se agotara del todo y continuara generando nuevos detalles que amplían lo que se recordó hace un año, o hace dos, ampliando los flecos de los hechos, quizás distorsionados en su adjetivación, pero bien precisos en la vivencia.

    Pero al bajar por las Avenidas hacia el mar recuerda que de niño iba al puerto con sus hermanos a comprar naranjas. Los barcos descargaban las naranjas y se podían comprar a un precio inferior al del mercado. La familia de S. se había trasladado desde S'Aranjassa hacía poco, y él sus hermanos eran objeto de burla por parte de los niños que habían nacido en Ciutat. Una vez nos increparon, señalándonos como 'panxes roges'. No sé por qué a un niño que venía a vivir a Ciutat le llamaban 'panxa roja'. Quizás por el color de la tierra. Suena un poco a los pieles rojas de las películas del oeste. Pues bien, mi hermano F., que era el mayor, le pegó un puñetazo a la cara del que nos había llamado panxes roges, y ellos se fueron corriendo. Entonces tuvimos que dar un rodeo muy grande para llegar a casa, con la intención de que aquellos niños no supieran dónde vivíamos.

    Y regresamos a casa cargados de naranjas.

     

     

      

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook