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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 11
    Abril
    2016

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    Francia

    Las campanas de Avignon

    Caminando por Avignon, al atardecer de un día de principios de primavera, las campanas de la catedral empezaron a tocar con ese inconfundible sonido metálico tan majestuoso que parece anunciar el viaje que cada uno de nosotros ha de realizar inexorablemente. En aquellas calles del centro me estaba fijando en el ambiente de las librerías, que uno puede captar enseguida al cruzar el umbral, o al otear simplemente desde la calle la atmósfera de recogimiento que nos sugiere reflexión, y ese punto de orden que se necesita para pensar y sentir. Es una atmósfera en la que se nota que hay libros que están a la espera de ser leídos por un lector dispuesto a darse un festín de placer. Me gusta comprobar que este ambiente en las librerías de Francia permanece fiel a la magia de la literatura exigente, a la que dedicamos una parte importante de nuestra vida. Mientras tanto, las campanas no cesaban de tocar, y su sonido nos acompañaba. Más que caminar, paseábamos plácidamente desde el Ródano hacia el otro lado de las murallas, en donde habíamos  dejado el coche aparcado. Aquel sonido repetitivo, pero de una monotonía que tiene la capacidad de hacerme recordar el período de mi vida en que estaba sumergido de lleno en los ritos religiosos, provocó que saliera a flote una reflexión de Pascal Bruckner según la cual el sonido de las campanas de una iglesia católica es, para los que hemos dejado de ser fieles a su Credo, la constatación de que nunca dejaremos de ser cristianos de alguna forma. Es un pensamiento que siempre he tenido, o por lo menos desde que me enfrenté racionalmente a la necesidad de situarme frente a frente con la idea de la trascendencia. ¿Acaso no es perturbador constatar que lo que vivimos no puede ser borrado nunca del todo? ¿Es perturbador? ¿O quizás es un consuelo que nuestro pasado permanezca ahí, y nos constituya, por mucho que ahora seamos completamente diferentes?  

     

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