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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 19
    Julio
    2013

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    La leyenda de 2001

    A pocos quilómetros de Ciutat puedes encontrarte en un bosque sobre el mar que parece extraído de una leyenda. Ayer la costa de Deià se podía recorrer con buena disposición de ánimo porque el sol no calentaba en exceso, por lo menos en el viaje de ida. Caminar por la senda hacia Llucalcari es estar dispuesto a observar la naturaleza en estado de suspensión. Es el paisaje de la infancia de Pep, que se encontró con los lugares que tiene en su memoria como si fuesen grabados. Incluso recuerda la posición exacta de una piedra, que sigue ahí, en medio del camino, incrustada en la tierra. Parece que nada ha cambiado, me dice, es como si todo estuviera tal y como lo vi a los 10 años. Miro hacia el mar, y una gran roca tiene el perfil de un perro gigante que duerme plácidamente. Los tejados de las pequeñas edificaciones laterales de Cas Patró parecen hongos salidos de las rocas, o un pequeño poblado de algún lugar de China, o de Japón. Por entre las ramas de un árbol muerto se ve el mar muy quieto, un desierto horizontal de brillo metálico. Los pinos sobre las rocas están expuestos a todos los vientos, y muchos de ellos no resistieron el terrible temporal de noviembre de 2001, y sucumbieron como héroes. Uno de ellos aparece delante de nosotros, arrancado de raíz, como si un gigante lo hubiera extraído de la tierra después de realizar un esfuerzo descomunal, pero aún así hubo una raíz que se quedó agarrada a su origen, y se la ve serpenteando sobre la superficie, un cordón umbilical que une la tierra viva y la base del árbol en descomposición. La rama más importante de un pino superviviente se rompió en dos trozos, y ahora es un brazo partido cuya mitad desprendida cuelga perpendicularmente al suelo. Los hay por todos lados: pinos en estado de putrefacción, pinos que parecen esculturas que la naturaleza nos ofrece para que observemos detenidamente cómo conviven la vida y la muerte, cómo la muerte también vive en cada fragmento de paisaje, y aún en cada uno de nosotros. De golpe, como en una aparición, un tronco apoyado en una roca se parece al cuello de un inmenso dinosaurio, con sus ojos y su boca detenidos en el instante del desastre. No está en contacto con la tierra, prematuramente fosilizado para que quede constancia de su estructura simple y maravillosa. Miro hacia el mar y veo una roca que flota sobre su sombra. Enfrente de nosotros un tronco roto, de unos tres metros de altura, suplica a algún dios sordo: por qué me tuviste que romper y despojarme del resto de mí. También está fosilizado, como si quisiera dejar constancia de su existencia anterior. Llegamos a una pequeña vaguada llena de pinos caídos: troncos y ramas se entrecruzan por las laderas, en un tejido que alimentará la tierra con los resultados de su descomposición durante décadas. A veces el camino se pierde, o hay que pasar por debajo de un tronco, pero enseguida nos enfrentamos a nuevos descubrimientos. Un tronco roto, vertical, apunta al cielo como una lanza. Por entre unas ramas muertas que se apoyan las unas en las otras hay cinco grandes rocas, en una extraña disposición geométrica que invoca un caos creativo. Un pino estilizado ha sobrevivido gracias a su capacidad de adaptación al viento. Su tronco está inclinado levemente hacia el mar, un centinela de otras tormentas a las que tendrá que enfrentarse en el próximo otoño. Pepobserva cómo una hormiga arrastra a un gusano vivo, y con una ramita los separa y contempla al gusano que huye. He actuado como el destino de este gusano, y lo he salvado de una muerte horrible en el hormiguero, me dice Pep, casi feliz. Durante todo el recorrido, una aquí otra allá, hay higueras esplendorosas que desprenden un aroma inconfundible, y matas que huelen a campo del interior de la isla, y arañas verdes de hinojo marino, y una flores leves, pequeñas, casi etéreas, que flotan en la tierra, de color lila, que están ahí de milagro y que no sé cómo se llaman,. Y hay muchos pinos pequeños que surgen por todos lados, incluso en las grietas de las rocas, y que han nacido para reemplazar a los que se pudren y para que la historia de esta tierra siga y siga por los siglos de los siglos.

     

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