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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 12
    Enero
    2013

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    La fuerza evocadora de algunos recuerdos

    En el lugar más inesperado surge el recuerdo de un momento vivido que parecía olvidado. En uno de los bancos de la plaza Pescateria, una tarde de hace más de veinte años, vi a mi viejo maestro de la infancia sentado, mirando a su alrededor con el mismo interés con que nos explicaba nociones básicas de geometría y aritmética. Yo tenía mucha prisa y no le dije nada,  y seguí por la acera para llegar cuanto antes adonde tenía que llegar. Ahora no recuerdo el destino de mis prisas, pero sí recuerdo en cambio la expresión de mi maestro sentado en un banco de la plaza Pescateria, a la sombra que proyectaban los almeces. Ningún día se ajusta a un plan, y la secuencia de los hechos no responde a lógica alguna. Años después, de súbito, lo que el azar nos lanzó como un dardo, o como un beso, se nos convierte en significativo, y nos conmueve. Hoy, en el bar Cristal, al atardecer, Luisa me cuenta la impresión que le ha causado la fotografía de un niño. La fotografía fue tomada durante un partido de fútbol, y lo emocionante de esta imagen se debe a la mirada del niño, que escruta el mundo como si quisiera absorberlo, aunque su fuerza evocadora surge del hecho de que el niño creció sólo hasta la juventud, y de que conozco a su madre, me dice, que es una mujer que me transmite un tipo especial de serenidad a la que habría que llamar de una manera más precisa, porque la palabra serenidad es insuficiente para expresar lo que yo veo en ella: una resignación en el dolor que es sobre todo profundidad, como si de un dolor tan oscuro fuera capaz de extraer conocimiento, un saber que sólo a ella le sirve. El dolor puede promover la serenidad, pero difícilmente nos endurece y nos hace más fuertes para sobrellevar las adversidades futuras, y no hay postulado alguno que se pueda establecer con los sentimientos. Lo pienso, pero mis pensamientos son siempre provisionales, le digo, y sólo se fundan en detalles incompletos, en un molde que llenamos y que hay que vaciar después, quizás, para empezar de nuevo. Seguimos conversando de otras cosas, para endulzar la caída de la tarde, y al despedirnos ya es de noche, y la ciudad está en su momento de máxima concentración, cuando las luces permiten ver sólo lo que se destaca entre las sombras. 

     

     

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