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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 08
    Noviembre
    2015

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    Ciutat

    La comunicación tierna entre los padres y los hijos

    Al atardecer, quizás la presencia de los otros te desvela lo que hay que mirar a través de la propia experiencia. Estás sentado en un banco del Paseo del Borne, y tu cabeza te da vueltas, es decir: la dimensión de lo que piensas es una pura elucubración sin contenido coherente. Pasa mucha gente joven, y algún viejo embebido en sus pensamientos, quizás tan inconexos como los tuyos. La madurez no requiere excesiva discreción, a veces se dice, y sin embargo es necesaria: qué sería del mundo sin la educación de las formas, sin la verdad de determinadas apariencias que nos permiten vivir sin llamar la atención. Y enfrente de ti te fijas en una familia entera, una pareja con sus cuatro hijos, todos pequeños, de edades escalonadas, desde un año, que puede ser la edad del pequeño, hasta los siete u ocho del mayor. El pequeño lloriquea, en el cochecito empujado por la madre. El padre atiende una llamada telefónica, pero está atento a su mujer y a los hijos, se le nota en la mirada, en los gestos, en que no tiene los cinco sentidos en la conversación telefónica. Al contrario, mientras habla por teléfono se le ve bien a las claras que no deja de atenderles. Mientras, el pequeño que llora exige atención, pero no es un lamento que irrite; al contrario, es un lamento que empuja a los hermanos a la ayuda, a que no se sienta solo. Uno de los hermanos, el mayor, releva a su madre en el control del cochecito, mientras el segundo en edad se acerca al hermanito y le  consuela. El padre ha dejado de hablar por teléfono, y el hijo que deduces que es el tercero en edad se le acerca cariñosamente, y el padre lo recibe con una caricia en el pelo. El hijo mayor le dice algo a la madre que no puedes oír, porque es un susurro, pero se nota la confianza, y el amor, lo que no hace falta que se diga porque está ahí, bien a la vista. Lo que le dice el hijo a la madre transmite tranquilidad, y un sentimiento de ternura que es como un trasfondo de la felicidad que los une. Son personas con un vínculo que se transparenta en las miradas, en la manera de moverse y de relacionarse, y que al haberse cruzado contigo esta tarde te han dado una parte esencial de sí mismos sin apercibirse de ello, sin apenas saber que su normalidad es conmovedora.

     

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