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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 16
    Agosto
    2013

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    ¡La capital turística del Mediterráneo!

    Por la mañana veo a un grupo de turistas que compran una guía de Mallorca en un quiosco. No han encontrado ningún punto de información. Una papelera está llena, y nadie la ha vaciado, y habrá otras, seguro, en el centro de Ciutat. He sabido que el autobús turístico cuesta ¡17! euros. ¡La capital turística del Mediterráneo! Leo en la prensa que el anterior responsable de Economía del Govern utiliza frases simbólicas en las redes sociales para referirse a los problemas que nos afectan. Algunos intentan desentrañar el código -un martillo, y no sé qué más-, y ante la duda le preguntan a él, que contesta con otra frase simbólica. En vez de llamar al pan pan y al vino vino se recurre a circunloquios y extravagancias simbólicas. Mientras, lo que sucede a nuestro alrededor tiene cada día más repercusión. En S’Arenal hay batallas callejeras que ensucian nuestro cartel turístico más allá de las islas. Varios jóvenes se han lanzado desde sus habitaciones hacia la piscina del hotel, y se han estrellado contra el suelo. Conducir por la autovía requiere paciencia, mucha paciencia, y hay que ir con mucho cuidado, porque la intensidad de tráfico requeriría respetar la distancia de seguridad, que aquí ha sido tradicionalmente un tabú: grupos de coches a cien quilómetros por hora, casi pegados el uno al otro, siempre han sido nuestro pan de cada día en las carreteras de doble sentido. Hay menos muertos, pero a mi entender es un milagro que así sea. Pero para qué hablar de los problemas que nos acechan. Lo que cuenta de verdad son las cifras: el aeropuerto supera el número de pasajeros del año anterior, hay más turistas que nunca, y los datos negativos -la caída en picado del turismo nacional, por ejemplo- no afectan para nada a la suma total. ¡La crisis se acabará antes que en el resto de España! ¡Seguro! ¡Siempre ha sido así y lo seguirá siendo! Ayer al anochecer muchos coches intentaban entrar en el aparcamiento del aeropuerto. De los accesos a la primera planta uno estaba en rojo, y al otro no se podía entrar por algún problema desconocido. Estábamos en fila, esperando. No llegó ningún empleado del aparcamiento a solucionar el problema. Alguien salió de su coche y organizó el desvío hacia la planta segunda. Al llegar, ocurrió exactamente lo mismo: de los dos accesos uno estaba cerrado, y la barrera del otro no se levantaba. Los ocupantes del coche que me precedía sacaron las maletas y se pusieron a correr hacia el ascensor. Hice marcha atrás como pude, después de dialogar con los conductores de los coches que tenía a mi espalda. Ningún empleado vino a solucionar el problema. Es decir: el día quince de agosto, el aparcamiento del aeropuerto no ofrecía una solución a los problemas que iban surgiendo, uno tras otro, en cascada. Los que lo utilizamos desde que fue inaugurado, en 1995, sabemos que las flechas blancas se han ido borrando con el tiempo, y que algunas inducen a confusión, y que el gasto en mantenimiento de este edificio colosal ha sido mínimo, porque los problemas a la entrada son continuos: rara vez todos los accesos funcionan. El día que nuestros descalificados políticos se decidan a mejorar nuestro país por encima de mezquindades y recelos, no habrá personas suficientes para desempeñar los puestos de trabajo que hacen falta.

     

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