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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 30
    Enero
    2013

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    La bondad de los desconocidos

    Al cruzar la calle me encuentro con una vecina con quien hablo durante unos minutos acerca de la crisis, de las dificultades de los jóvenes, de que ahora ya no se ven tantos carros de la compra llenos a rebosar en las cajas del supermercado. Vemos con desgana que la acera está muy sucia. Es un tipo de suciedad estacionaria, incrustada en las baldosas, muy difícil de limpiar. A la izquierda el acebuche y a la derecha el pino, en la leve pendiente hacia el aparcamiento, son árboles privilegiados en comparación con los que hay entre los coches, que sobreviven en su pequeño parterre rodeado de cemento. El quiosco de la Once es un recurso para soñar, casi el único del barrio. No está el acordeonista. En su sitio hay un hombre sentado con su perro al lado. Se levanta con gran esfuerzo, y el perro le mira como si quisiera ayudarle. El día es espléndido. De repente recuerdo que anoche cuando cerré las persianas vi el cielo con bastantes estrellas y la luna llena que iluminaba la ciudad. En el supermercado compro aceite, acelgas, café, ajos tiernos, pan, cebollas y manzanas. Mi compra se ajusta a una lista mental. Con frecuencia me propongo escribirla en un papelito, pero no lo hago por desidia o por pereza o por un exceso de confianza que me pasa factura porque siempre me olvido de algo. El cajero me conoce y no hace falta que le enseñe la bolsa vacía. Al salir veo que en el sitio del acordeonista hay otro hombre y otro perro. Dos mujeres hablan animadamente. En el trayecto de vuelta parece que todo es igual que antes, pero sin duda no lo es. Lo que hay a la vista no es más que un leve esbozo de las profundidades de la vida, aunque también hay verdades en la superficie del mundo. En la parada del autobús hay cinco o seis personas, y no las conozco. En las sociedades rurales la incertidumbre casi no existe, pero en las ciudades nos cruzamos continuamente con personas que jamás volveremos a ver y de las que no sabemos nada, aunque más de una vez todos hemos tenido alguna experiencia de la bondad de alguno de estos desconocidos, gozosamente.

     

     

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