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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 06
    Diciembre
    2015

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    Ciutat

    Jovellanos, en un rincón

    Pep y yo caminamos por Bellver. Por la mañana da gusto salir de Ciutat y adentrarse en el bosque. Bueno, quizás sea excesivo llamar bosque al bosque de Bellver, porque es un modesto pinar atravesado por senderos humanizados y benignos, desde los cuales siempre vemos algo que nos recuerda que seguimos estando en la ciudad: Son Dureta, la carretera. Cuando decimos bosque damos por descontado que ha de haber algo de misterio, aunque el misterio lo ponga la imaginación. Pero no demos por zanjada la cuestión del misterio: muy temprano, o al atardecer, es posible que la bruma al final de una curva del camino, o un pájaro que nos sobrevuele, o el sonido de una ramas movidas por una ráfaga de viento, puedan evocarnos algún destello de irrealidad. Qué más da. Caminar por el bosque de Bellver puede ser una manera de sentirse de Ciutat, rodeados de vegetación mediterránea, moviéndonos en las coordenadas de la civilización: el sol tibio de otoño, la claridad de la atmósfera, la respiración sosegada. Pero no puedo verlo todo tan bonito, caramba. Hay que ponerle alguna pega a este humilde bosque nuestro, aunque la pega no tiene su origen en el bosque, sino en la manera de recordar al gran pensador liberal que estuvo exiliado en el castillo, y que fue uno de los primeros en estudiar la flora y la fauna del entorno ¿Y cómo se lo hemos reconocido? Su busto, sobre un pedestal (¡la afición palmesana a los pedestales!) siempre me ha deprimido un poco: medio escondido, como si no fuésemos capaces de rendirle el homenaje que merece el gran pensador que pasó entre nosotros varios años de su vida. Ay, qué poco agradecidos somos los mallorquines. Galpar Melchor de Jovellanos se merece algo más que una calle corta y un busto escuálido en un rincón del bosque.

     

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