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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 29
    Junio
    2016

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    fútbol

    Gianluigi Buffon

    Yo estaba detrás de la portería, con mi padre, en la tribuna sur del Estadio Lluís Sitjar, y veía a Ricardo Zamora, atento, majestuoso, observando el partido, porque aquel día el Mallorca atacaba y atacaba, y el Elche apenas le incordiaba. Aunque yo sólo tenía ocho años, me di cuenta de la importancia del portero en un partido de fútbol, y del valor que supone estar ahí, esperando a que alguien le ponga a prueba. No puede fallar, y si falla él será el único responsable.

    El fútbol para un espectador sólo tiene sentido cuando se valora a los jugadores que nos llaman la atención por su buen juego, sean del equipo que sean. Mi portero de ahora es Buffon. Me gusta ver cómo dirige a sus defensas durante un partido, con qué lealtad los jugadores de la selección italiana lo acogen como si fuera un hermano mayor, o un padre, o una de esas personas que siempre son una referencia, por su manera de comportarse, por su generosidad, y por la confianza que inspiran.

    Hay una seguridad en la selección italiana, en cada uno de sus jugadores, y en el seleccionador: esa seguridad es Buffon. No comunica nerviosismo en ningún momento. Y en cada uno de sus gestos se advierte la diligencia de quien conoce a fondo su trabajo, y de que lo realiza sin alharacas y sin florituras, ejercitando aquello que ha ido aprendiendo a lo largo de mucho tiempo. Ser portero de fútbol también es una profesión que necesita de un largo aprendizaje, porque no sólo ha de impedir los goles del equipo contrario, sino que ha de dar confianza a los suyos.


    En cualquier grupo humano tiene que haber ese tipo de personas que están ahí para que nos sintamos tranquilos, porque basta con su presencia para aumentar la confianza de los demás, y porque se tiene la convicción de que en un caso extremo, ante una dificultad máxima, podemos estar seguros de que esa persona estará ahí, con toda su experiencia, para intentar salvarnos de un peligro. Si se acerca un delantero del otro equipo, y dribla a la defensa entera, allí estará Buffon. Confiamos en él.


    Y ese abrazo final con Casillas, esa fraternidad que está por encima de todo, de que uno haya ganado o perdido: ese abrazo con Casillas, al final de todos los partidos importantes, convierte el fútbol en algo que merece la pena, y que nos hace olvidar la imbecilidad de tantos comportamientos absurdos, o ridículos, o deplorables.


    Todo aficionado al fútbol recuerda a los grandes porteros. En mi caso: Zamora, Banks, Yashin, Iríbar, Arconada, Casillas, Buffon. Son esos personajes solitarios que ayudaron a que nuestro equipo ganara, o que si jugaban en el equipo contrario no nos importó que impidieran que el nuestro marcara un gol, porque su presencia era una manera de entender el significado del juego limpio. A mí no me importó tanto que España perdiera con Italia, porque en el equipo de Italia juega Buffon.

     

     

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