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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 08
    Diciembre
    2012

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    Exploración de lo conocido

    Me cruzo por la calle con el músico callejero que va a iniciar su jornada de trabajo. Es un hombre afable, con la alegría siempre a punto, que me recuerda que la ciudad es un escenario y un refugio de algunas verdades básicas acerca de la sociabilidad humana. La mañana es agradable, no hace frío, y todo parece dispuesto para empezar a explorar lo conocido, que suele ser mucho más que las apariencias. Entro en el mercado, que es una paleta de colores vivos, un museo vivo de la tierra. El payés que me atiende, que me conoce desde hace años, me ofrece un higo seco, y me selecciona las alcachofas, los tirabeques y las mandarinas. Veo unos cardos en lo alto de la parada, y se los pido, y una señora que está a mi lado me pregunta cómo los cocino. Al andar hacia la pescadería, los tallos rebosan por encima de la bolsa, y al instante remolonean en mí, como irónicos latiguillos verbales, algunas expresiones populares que los sitúan en la cola de los afectos culinarios: cardo borriquero, por ejemplo. Me sonrío y me anticipo al deleite de su sabor, suave y carnoso, que se ofrece debajo de su aspecto humilde, y al abrigo de una tela finísima que hay que quitar con un cuchillo de punta fina. Compro unos boquerones muy frescos, que freiré a fuego vivo. No quiero fallar: han de ser crujientes por fuera y sabrosos por dentro, un sutil equilibrio que precisa de la experiencia, porque el límite se sitúa en unos pocos segundos. Al salir del mercado, el músico callejero ya está en su sitio, a punto de empezar, y la gente va y viene como si detrás de cada persona humana hubiera un silencioso proyecto que tiene su punto de  arranque cuando se entrecruza con los de otras personas. Ciutat, que suele ser tan fría para los que llegan, tiene su emoción a flor de piel, aunque para percibirla haya que dejarse llevar por una corriente de vida que transcurre delante de nosotros, y de la que nosotros mismos participamos, tranquilamente.   

    Motivo: Mercat de l'Olivar

     

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