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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 04
    Enero
    2013

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    El tiempo de los regalos

    Después de la lluvia de anoche, esta mañana el viento ha barrido de golpe la humedad de los días pasados, y en Ciutat se respira un aire más puro. Tomamos café junto a otros ciudadanos que se refugian en la lectura del periódico de papel. Las noticias suenan a una cantinela repetitiva, pero aun así nos alimenta su munición de verdad buscada en vano. Después, el aroma de una pastelería me abre algunas puertas de la infancia, cuando mi abuelo regresaba al pueblo después de una mañana en Ciutat cargado de cosas cuyo valor yo desentrañaba a duras penas, y que al final de todo, como una guinda, tenían como colofón un palo y un borracho, y para mí solo. Cuándo he podido disfrutar, años después, de algo parecido. Pero nosotros ahora no nos detenemos en la pastelería. Vamos a la ferretería a comprar unos guantes protectores, y mi hija me comenta que no siempre los vendedores aciertan a comprender que una chica joven se dedique a soldar en un taller de escultura, y que como consecuencia le intentan dar gato por liebre. Si me pongo el mono me hacen más caso, me asegura. Esta vez ha habido suerte, aunque fíjate, me dice, el comerciante quería venderme unos guantes más caros, y yo ya había encontrado los que necesito. Él te ha sugerido unos guantes con manga porque protegen mejor, le contesto, no para venderte unos guantes más caros. Bueno, bueno, me dice con ironía, y seguimos caminando. Qué bien que uno pueda acudir todavía a un establecimiento en el que te atiendan con conocimiento de lo que venden, un lugar al que a lo mejor iba también mi abuelo hace muchos años, porque también entonces eran imprescindibles un destornillador, unos guantes protectores y unos alicates. ¿Compraría mi abuelo mi palo y mi borracho justo después de ir a la ferretería? Seguro, seguro que los compraba después. No ha hecho falta abrir el paraguas, aunque hay gente que lo lleva colgado del brazo. En un paso de peatones, en las Avenidas, un viejo se apoya con mucha dificultad en su bastón, y nosotros, que estamos al otro lado, vemos que rehúsa la ayuda de una mujer que se presta a cogerle del brazo, así que a trancas y barrancas avanza solo entre la multitud. Hay mucha gente por el centro, porque se acerca el día de Reyes y hay que comprar los regalos de los niños y alguno también para los mayores. Ya se sabe por experiencia que suele ser contraproducente esperar al último momento. Golosamente, cuando pronuncio la palabra regalo me viene a la memoria el libro de viajes El tiempo de los regalos de Patrick Leigh Fermor, cuyo comienzo está envuelto en una atmósfera mágica que sirve para saborear cualquier viaje que podamos hacer en el futuro. La ciudad a veces nos acoge con su piel benefactora, pero el retorno a casa es una necesidad urgente, porque ya es mediodía y hay que cocinar los garbanzos que dejamos anoche en remojo antes de acostarnos. Mientras se abre la puerta del garaje veo unas nubes blancas viajeras que sobrevuelan el edificio. Son nubes de lluvia, pero el sol brilla desde el sur, y el contraste es tan intenso que quizás se den las condiciones adecuadas para el milagro: sería un hermoso regalo que ahora saliera el arco iris, ilusionadamente.

     

    Motivos: Café en la Plaza de las Tortugas. Carrer des Sindicat. Recuerdo de mi abuelo. Ferretería en la Porta de Sant Antoni. ‘El tiempo de los regalos’, de Patrick Leigh Fermor.

     

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