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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 25
    Enero
    2013

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    El río

    No he tenido que abrir el paraguas, pero hay indicios de lluvia. Al llegar, mis amigos ya me están esperando. El barrio de Santa Catalina es un buen lugar para los encuentros. Como siempre, nos vemos en la panadería que tiene un evocador nombre literario. Él y yo somos amigos de la infancia. Vivíamos muy cerca el uno del otro, y con ella mantengo una amistad consolidada por muchos años de comprensión mutua. Ahora nos une la lejanía de nuestros hijos,  nuestra propia lejanía y una trayectoria personal aproximadamente paralela. Lo que nos convierte en solidarios es una apuesta vital: no hay improvisación en la amistad, sino insistencia y brazos abiertos. Las discrepancias puntuales, si las hay, se superan gracias a una fidelidad sentimental que es un valor tan seguro como una fórmula matemática. Cada uno de nosotros siguió su camino, unos caminos que a veces se cruzaron y a veces se alejaron: en Badajoz, en Valencia, en Ciutat, en Barcelona, en Madrid, en San José. Empieza a llover mientras hablamos. Al mojar la magdalena en el café suena la música que pone nostalgia a lo vivido. Los jóvenes son ahora nuestros hijos, que luchan en un mundo que nos parece más hostil que el que nos tocó a nosotros a su edad. Quizás no sea exactamente así, pero así lo sentimos. Nos miramos mutuamente como si el otro fuese un espejo y en su mirada nos viéramos a nosotros mismos y descubriéramos el tiempo en una arruga o en un gesto, en un viejo comentario que hicimos en su momento y que resultó ser un error de bulto, o más raramente un acierto. Lo que importa de veras es la perseverancia y el gesto de seguir, y que la despedida sea provisional, hasta un próximo encuentro. De regreso he de abrir el paraguas, y al caminar siento la alegría del agua, que es tan infantil como algunas vivencias que surgen de antaño, y compruebo que por primera vez en este mes de enero Sa Riera baja con un caudal menos irrisorio del que nos tiene acostumbrados. Es el río de Jorge Manrique, aunque para nosotros es un torrente que casi siempre baja con un hilillo de agua que quiere contradecir los versos famosos de aquél. Y así el tiempo nos consume, aceleradamente.

                                                                                    

    Motivo: Encuentro con C y N, en La Magdalena de Proust

     

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