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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 16
    Abril
    2016

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    Ciutat

    El repliegue de los varones

    No queda más remedio que reflexionar sobre Ciutat, que con frecuencia resulta esquiva y difícil de entender, si es que el lugar donde se vive es susceptible de ser analizado. A la vista de lo que compruebo desde hace varios años, en Ciutat se está produciendo un repliegue de los varones, que suelen ser minoría, por ejemplo, en las funciones de teatro, en los conciertos de la Orquesta Sinfónica, o en las reuniones de padres. Cualquiera puede constatar que es muy difícil que más de dos hombres se reúnan por la tarde para conversar, o simplemente para pasear juntos por la calle. Las mujeres, en cambio, sí lo hacen, y suelen ser mayoría en los cines, y en las exposiciones. Para comprobarlo, basta con observar con un mínimo de atención. Si comparto con alguien el resultado de mis pesquisas, suele ser habitual la mirada escéptica ante los datos que aporto, cuando no la duda, y en casos extremos la reprobación de lo que le digo. Tan sólo mi amiga Veva, con la que acudo a los conciertos de abono de la Orquesta, disfruta de lo lindo con mis estadísticas, y se monda de risa cada vez que le hago partícipe de la última observación que he realizado. Como excepción, siguen siendo mayoría los varones en las reuniones de las comunidades de vecinos, y en la revisión anual del coche. Pero hay pocas dudas sobre el repliegue de los varones, como si hubieran perdido el interés de aprender los unos de los otros, y esta capacidad se hubiera transferido a las mujeres, que se disponen a hacer uso de ella con insistencia. Menos mal, porque así quizás se incremente el intercambio de puntos de vista y el empuje de la innovación mental. Para Ciutat, quizás pueda resultar un revulsivo, teniendo en cuenta que es una ciudad en la que siempre ha sido extremadamente difícil relacionarse, dada la poca afición de los palmesanos al diálogo más o menos abierto a las cuestiones prácticas y teóricas. A mí desde luego me resulta más fácil comunicarme con las mujeres. Su mente está más abierta a la curiosidad, aunque mis apreciaciones pueden ser la consecuencia de una mirada selectiva y de poco valor estadístico, realizada a partir de muestreos poco representativos. Aun así, merece la pena, a mi entender, no perder de vista algunos detalles adicionales que sirven de síntoma de un enquilosamiento que hace que Ciutat sea un lugar solitario. Por ejemplo, las parejas de mediana edad apenas se pueden ver a media tarde los días de fiesta, como si no tuviera sentido alguno caminar para disfrutar de las calles peferidas, o para encontrarse con otras parejas, o para ir al cine, algo que suele ser muy habitual en otras ciudades de sus características. Abundan, sin embargo, las parejas de turistas, a los que es muy fácil distinguir no sólo porque llevan un plano de Ciutat, sino por su manera de mirar la fachada de un edificio, o un árbol, o la carta de un restaurante: todo lo que su curiosidad les estimula a conocer.  La ausencia de las parejas maduras palmesanas, ¿puede deberse a que no haya locales adecuados? ¿Quizás hay más oferta para los jóvenes? Uno de los motivos por los que me gusta ir al cine Rívoli es porque suelo ver a parejas de mi edad. Alguien me comenta que al fin y al cabo Ciutat ha mejorado en este aspecto, si comparamos  las costumbres de ahora con las de hace 30 o 40 años. A mí me parece que el color de Ciutat es el ocre, que puede comunicarnos la necesidad de mirar con comprensión todo lo que nos rodea, aunque es precisamente este ocre denso y profundo -pasead por Concepció, una calle hermosa, a la caída de la tarde, y lo comprobaréis- lo que nos hace sentir que la soledad de las calles  céntricas refleja una suave melancolía. Quizás el palmesano maduro huye de esta sensación y se convierte el resto de su vida en un ciudadano que huye. 

     

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