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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 19
    Enero
    2013

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    El nuevo director

    En el autobús, un niño de tres o cuatro años le grita a su madre que quiere chocolate, y su madre se lo niega con mucha habilidad y le dice en tono amoroso que al llegar a casa le contará un cuento; una mujer le cuenta a otra que en Nueva York no pudo encontrar a ningún sacerdote católico que la pudiera confesar, según era su deseo; una chica joven sube a mitad de trayecto con un gran tambor, y avanza con dificultad, pidiendo disculpas, mientras los pasajeros le miramos divertidos. El viaje al teatro también forma parte del concierto al que asistiremos, porque no hay una separación tajante entre la música y la vida, y todo es un conglomerado de hechos que parecen muy diferentes entre sí pero que luego se relacionan muy bien los unos con los otros. Las tres composiciones de hoy parecen muy alejadas: la explosión festiva de la obertura de Shostakovich, los recovecos de los movimientos tanguísticos de Piazzola y la profundidad de la sinfonía de Dvorak nos transportan de un lugar a otro en nuestra imaginación, pero estas diferencias se compensan con armonía cuando asistimos a la música en vivo. En los días anteriores las había escuchado en casa, superficialmente, sin poder disfrutar de las sutilezas de la interpretación: el estruendo de himno vibrante de los instrumentos de metal en la obertura de Shostakovich; la serpenteante circulación de los tangos de Piazzola, a los que añado mentalmente las letras de Gardel o algún poema de Borges, y que oigo muy influido por la gran cantidad de veces que he escuchado su Oblivion; la oscilación de los violonchelos en el emocionante scherzo de Dvorak, que me hace sentir el peso de la música que ha nutrido el corazón de generaciones y generaciones de personas humanas. El nuevo director fue el protagonista de la noche, con sus maneras juveniles y su acercamiento a los músicos en una actitud de líder que sabe que él es uno más, y que sin ellos, sin los músicos de la orquesta, su trabajo se pierde en el vacío. A veces, como espectador, uno se deja llevar por la inercia, y sólo ve en el director a un espectador privilegiado que realiza un trabajo rutinario, como si no aportara nada substancial a la música que se interpreta. Sin embargo, con Josep Vicent como nuevo director titular para la próxima temporada, intuimos que puede volver el optimismo que este año se había apagado debido a los recortes. Todos salimos contentos del teatro, y al volver a casa, en el autobús ya no hay el jolgorio de unas horas antes. Ningún niño le pide chocolate a gritos a su madre, ninguna mujer le cuenta a otra que en Nueva York no pudo encontrar a ningún sacerdote católico que la confesara, y ninguna chica joven sube con un gran tambor. Una quietud extraña lo inunda todo, y me dejo llevar por la sensación de que las experiencias de la vida tienen sus altos y sus bajos, su vibración y su languidez, afortunadamente.

    Motivo: Josep Vicent, el nuevo director titular de la Orquesta Sinfónica para la temporada próxima. Concert 4: Obertura festiva, Xostakóvitx; Tres moviments tanguístics, Piazzola; Simfonia núm. 7, Dvorak

     

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