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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 30
    Junio
    2013

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    El joven viajero

    Pero aún quedan viajeros. Y algunos, por fortuna, son muy jóvenes. Me cuenta Silvia que su amigo Miguel, de paso hacia Alemania, se quedó algo menos de 24 horas en Ciutat. Se hospedó en un hostal de la Plaza Quadrado, y recorrió el barrio antiguo en bicicleta, a impulsos de su inteligencia y de su instinto, buscando y a la vez dejándose llevar por las ‘callejuelas serpenteantes’ hacia lo que se le ofrecía golosamente a la mirada. Descubrió patios y claustros, y los sintió más allá de cualquier guía turística, porque el viajero no se deja llevar por los tópicos, como el turista: al contrario, el viajero quiere saber y se lanza a una continua búsqueda, como hizo Patrick Leigh Fermor en su fantástico viaje a pie por Europa, en los años veinte. De repente, Miguel se encontró con el mar de frente, y la luz del Mediterráneo le llegó de golpe en los aledaños de la Catedral. Le gustó mucho la estructura del barrio antiguo, pero tuvo tiempo de llegar a la Fundación Miró, que deseaba ver no sólo por el llamado de su nombre, sino para admirar las líneas del edificio de Moneo, cuya belleza es tan transparente porque procede de una pudorosa racionalidad. Y se quedó un rato observando una cala de los alrededores de Ciutat, de aguas remansadas y pintadas de ese azul que le llamó tanto la atención por el contraste con los grises del Cantábrico, que a mí tanto me fascinaron hace treinta años, recorriendo la costa entre Bilbao y Donostia. Que Miguel sea astrofísico tiene que aguzar por fuerza su capacidad de mirar lo que está más cerca, porque lo cercano y lo lejano estimulan simultáneamente las fuentes del conocimiento. Los que ya estamos en la madurez, en vez de quejarnos tanto, tendríamos que entrenar la mente para no perder ni un ápice de esta capacidad, porque a veces lo que tenemos a nuestro lado nos pasa casi desapercibido, y no sólo eso, sino que con frecuencia somos incapaces de atisbarlo. Pero alguien muy joven llega y nos lo muestra con inteligencia y entonces también nosotros somos partícipes de lo que sin duda es un descubrimiento. Nuestra manera de sentir Ciutat es un legado de los viajeros románticos y de los pintores del cambio de siglo, pero también la ciencia contribuyó a la interpretación de un paisaje que era casi desconocido para los mismos lugareños: varios grupos de científicos europeos viajaron a Mallorca de forma independiente para estudiar el eclipse total de Sol del año 1905. Los pormenores de esta experiencia forman parte de un libro que podría ser el apéndice de una novela de Julio Verne. La fotografía del desembarco al puerto de Ciutat de la expedición dirigida por Sir Norman Lockyer, por ejemplo, y el resto de imágenes que aparecen en el libro, nos alimentan la imaginación porque nos muestran que el afán de conocimiento es una aventura. Y ahora, cuando parece que la mirada de la mayoría se agota en las pantallas táctiles, me gusta que un joven entusiasta, estimulado por la inquietud de saber, haya recorrido Ciutat en bicicleta durante unas horas, gozosamente.

                   

    a Miguel Querejeta

     

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