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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 18
    Diciembre
    2015

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    Orquestra Simfònica

    El entusiasmo controlado

    Un poco de entusiasmo, aunque se manifieste de forma controlada siempre es bueno, antes de las elecciones y del año nuevo. Ciutat es una ciudad de emociones suaves, pero de vez en cuando afloran, y Beethoven es un buen motivo, casi un guiño recurrente, su grandeza para compensar nuestra pequeñez de isla que se quiere proyectar al exterior y expandirse sin conseguirlo nunca. El quinto concierto de la temporada ha sido como volver a empezar, después de un mes desde el anterior. Cuando se interpreta a Beethoven hay muchos más asistentes, y esta vez la Novena era una razón convincente para llenar una noche de otoño, la Novena, que es una cima, sin duda, por su fuerza para agarrarnos y para hacernos saborear música que nos remite a un pasado que no es pasado del todo, porque nos llega con fuerza para hacerse presente. Quizás estamos esperando escuchar lo conocido, esa impaciencia por gozar de nuevo de la música que nos ha hecho vibrar de jóvenes, el Himno a la Alegría, la emoción vivida sin necesidad de protegernos. Los abonados acabamos conociéndonos, y si falta alguien lo echamos de menos, porque pensamos qué le habrá pasado a éste que se sienta tres butacas más allá de la mía, por ejemplo. Ayer faltó la señora que se sienta a mi lado, a mi derecha, una señora educada con la que comparto el placer de algunas piezas que a ella le suelen gustar mucho. Y entonces me lo dice con una expresión comedida, como si el entusiasmo no se le desbordara nunca, y no quisiese sobrepasarse, a causa de un pudor que nos convierte en adultos resistentes a la exageración. Como casi todos, como yo. Cuánto cuesta emocionarse en público: es una sucesión de gestos que nos delatan, los aplausos como una entrega a los intérpretes, siempre tan necesitados de reconocimiento y de adhesión. Aún recuerdo con reverencia la noche en que una de las violinistas de la orquesta, hace ya veinte años, más o menos, lloraba mientras interpretaba a Chopin. Para el asistente, escuchar es una necesidad de ajustar el ritmo del oído a la batuta del director, dar vueltas con la imaginación a una salsa emocional sin que la salsa salga del recipiente. La frecuencia que debe de ser y no otra. La frecuencia de resonancia de Ciutat es Beethoven, Brahms, Bach. Más allá chirrían los goznes, y hay que resignarse un poco. La Novena es la representación del entusiasmo. Bien pues, esta vez. Nos sentimos a gusto. Recojo mi chaqueta de la butaca vacía, y Veva y yo regresamos caminando, como si la experiencia de la música tuviera que completarse con el ritmo de los pasos, esa verdad de los seres humanos que consiste en seguir y seguir para crear su humilde música personal.

     

    Motivo: Orquestra Simfònica, Concierto 5

     

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